El «Alquimista de los lunes» del Soho, Giles Peterson
Por Rafi Mercer
Gilles Petersones uno de los selectores más influyentes, aunque de forma discreta, de Londres; descubre más en nuestraguía de locales musicales de Londres.
Nombre del DJ: Gilles Peterson (Gilles Jérôme Moehrle)
Sede: Londres, Reino Unido
Página web: Gilles Peterson Worldwide
Instagram: @gillespeterson
Resident Advisor: Gilles Peterson en RA
SoundCloud: Worldwide FM
Spotify: Gilles Peterson
Hay ciertas noches en Londres que parecen estar fuera del tiempo. Para quienes las vivieron, las noches de los lunes en el Bar Rumba del Soho encajan perfectamente en esa categoría. La semana apenas estaba empezando, la ciudad se iba sumiendo en su rutina, pero en aquel sótano de techo bajo de Shaftesbury Avenue se desarrollaba otro ritmo. Gilles Peterson estaba en la cabina, con las mangas remangadas, los discos esparcidos como las herramientas de un cartógrafo, y la pista de baile abarrotada, con los cuerpos balanceándose como si los llevara a algún lugar entre continentes.
Los que acudían a Rumba sabían a lo que se enfrentaban: no era una noche de certezas, sino de descubrimientos. Peterson no tocaba con la arrogancia del espectáculo, sino con la generosidad de un guía. En un momento, la sala se veía envuelta en la calidez de un ritmo brasileño; al siguiente, sacudida por una oleada de batería y bajo; y luego, calmada de nuevo por una frase suelta de Coltrane. Tejía conexiones donde pocos pensaban que existían y, al hacerlo, ralentizaba el propio ritmo de la escucha. Era una lección que se repetía cada semana: que la alegría de la música no reside en la confirmación, sino en la sorpresa.
Las semillas de esa filosofía se plantaron mucho antes de Soho. Nacido en Francia y criado en el sur de Londres, Peterson encontró su primer escenario en la radio pirata. Las frecuencias nocturnas le enseñaron que las normas estaban ahí para saltárselas, que el jazz podía convivir con el funk y que el soul podía compartir antena con el afrobeat. Su voz llegaba a los hogares como un secreto, animando a los oyentes a abrir bien los oídos. Para cuando llegó a Jazz FM, Kiss FM y, finalmente, a la BBC, ya se había labrado una reputación como locutor capaz de condensar el mundo en un solo programa.
Su labor como fundador de un sello discográfico consolidó ese papel de traductor cultural. Acid Jazz y, más tarde, Talkin’ Loud se convirtieron en algo más que sellos discográficos: se convirtieron en conductos de un nuevo sonido británico. Galliano, Young Disciples, Roni Size, Nuyorican Soul: sus discos no solo transmitían ritmos, sino también mensajes, un rechazo a ser encasillados, una determinación por difuminar las fronteras. El papel de Peterson no era tanto el de un director de sello tradicional como el de un comisario, dando forma a movimientos que aún estaban naciendo.
Sin embargo, fueron sus programas de radio los que se convirtieron en el verdadero corazón de su trabajo. Primero en «Worldwide» de BBC Radio 1, luego en su actual espacio en BBC Radio 6 Music y en el amplio panorama digital de Worldwide FM, sus emisiones nunca persiguieron las modas. Al contrario, hacían que el eclecticismo resultara natural. El tono era siempre entusiasta, curioso y sin pretensiones. Los oyentes sintonizaban la emisora no solo para escuchar lo que sonaba, sino para oír cómo lo presentaba Peterson: la forma en que era capaz de combinar un blues del desierto de Malí con un tema de techno de Detroit sin forzar la conexión. Dejaba que la música hablara por sí misma; su papel se limitaba simplemente a mantener la puerta abierta.
Los festivales y los eventos en directo se convirtieron en extensiones de ese mismo espíritu. El Worldwide Festival de Sète, el encuentro «We Out Here» en Cambridgeshire y un sinfín de escenarios comisariados por todo el mundo llevaban la firma de Peterson: sin prisas, inclusivos y con una perspectiva global. No se acudía por un único cabeza de cartel, sino por la promesa del descubrimiento. Daban la sensación de ser una versión a gran escala del Bar Rumba: el mismo sentido de la generosidad, el mismo rechazo a la condescendencia, la misma invitación a la curiosidad.
A lo largo de todo este tiempo, Peterson ha seguido siendo más oyente que intérprete. Sus actuaciones no reclaman la atención mediante la grandilocuencia, sino que la invitan a través del esmero. Escucha con la misma intensidad con la que toca, en sintonía con la forma en que la sala cambia de peso, con la forma en que una línea de bajo resuena en el pecho, con la forma en que el silencio entre las notas puede decir tanto como las propias notas. Su arte no reside en el espectáculo, sino en la sensibilidad, en recordarnos que la música alcanza su máxima potencia cuando conecta con el público.
Situarlo dentro del panorama de los DJ londinenses supone reconocer a una figura que es a la vez historiador y futurista, archivista e innovador. Ha dado voz a innumerables artistas que, de no ser por él, habrían pasado desapercibidos, y al hacerlo ha ampliado la visión que la ciudad tiene de sí misma. Su legado no reside solo en los discos publicados o los programas emitidos, sino en los innumerables oyentes a los que ha abierto los oídos y cuyo sentido musical ha profundizado.
Y la historia no ha terminado. Peterson sigue emitiendo, seleccionando, defendiendo y conectando. Décadas después de aquellos lunes empapados de sudor en el Soho, su voz sigue resonando a través de los continentes, sigue haciéndote inclinar la cabeza para escuchar mejor, sigue insistiendo en que merece la pena tomarse un respiro para escuchar. Su don siempre ha sido recordarnos que la música es un viaje sin fin y que, en algún lugar del próximo disco, de la próxima sesión, de la próxima voz, aún hay algo nuevo por descubrir. Ese don perdura, y es por eso por lo que la estrella de Gilles Peterson seguirá brillando con fuerza, iluminando el camino a quienes quieran escuchar con los oídos y el corazón abiertos.
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Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete, o haz clic aquí para seguir leyendo.