Augustus Pablo – Al este del río Nilo (1977)

Augustus Pablo – Al este del río Nilo (1977)

Por Rafi Mercer

La melódica es un instrumento poco habitual para la profecía. Se trata de un pequeño teclado de plástico al que se le sopla como si fuera un juguete infantil, y que nunca se concibió para la música seria. Sin embargo, en manos de Augustus Pablo se convirtió en algo sagrado: una voz tan lastimera y inquisitiva como la de cualquier trompa. En ningún sitio queda esto más patente que en *East of the River Nile* (1977), su obra maestra, donde la melódica lleva el reggae y el dub a un terreno espiritual inexplorado. El disco sigue siendo una piedra angular no solo de la música jamaicana, sino de la cultura musical mundial: meditativo, místico y absolutamente atemporal.

Horace Swaby, más conocido como Augustus Pablo, ya era una figura única en la escena musical de Kingston de los años 70. Alto, delgado y muy reservado, parecía más un canal, un receptáculo del sonido, que un intérprete. Su estilo con la melódica le había hecho fácilmente reconocible en sencillos como «Java», pero *East of the River Nile* amplió su visión. No se trataba solo de un álbum de reggae instrumental. Era un manifiesto del sonido como meditación, como resistencia, como viaje interior.

La canción que da título al álbum marca el tono desde el primer momento. Sobre un ritmo profundo y ondulante marcado por los legendarios Rockers All Stars (entre los que se encuentran Robbie Shakespeare, Earl «Chinna» Smith y otros), la melódica de Pablo entra como un cántico. Su tono es frágil, vacilante, pero insistente. La melodía es sencilla, pero llega directamente al corazón, como si fuera antigua y moderna a la vez. El eco y la reverberación alargan sus frases hacia la lejanía, convirtiéndolas en oraciones que lleva el viento.

Otros temas profundizan en la atmósfera. «Upfull Living» combina la melódica con un ritmo constante y tradicional, que irradia calidez y optimismo. «Chant to King Selassie I» es solemne, devocional, con cada nota impregnada de reverencia. «Addis Ababa» transporta al oyente a una Etiopía imaginaria, donde los ritmos del reggae se entrelazan con el anhelo espiritual. El bajo es monumental, pero nunca agresivo; es la base, la tierra, el suelo. La melódica flota por encima, como el espíritu sobre el cuerpo.

Lo que hace que «East of the River Nile» sea extraordinario es su combinación de sencillez y profundidad. La melódica interpreta líneas infantiles, casi ingenuas. Pero gracias al fraseo de Pablo, al peso del ritmo y a la atmósfera de la mezcla, esas líneas adquieren solemnidad. Se convierten en mantras, que se repiten hasta resonar en el cuerpo. La música no exige análisis. Exige presencia.

El álbum también encarna la esencia del dub sin ser un disco de dub en sentido estricto. El espacio está presente en todas partes: ecos que se desvanecen en el silencio, instrumentos que aparecen y desaparecen, el estudio tratado como un instrumento más. Sin embargo, el toque de Pablo es más suave que el caos de Perry o la austeridad de Tubby. Su uso del espacio resulta meditativo, reflexivo. Le interesaba menos el espectáculo que la atmósfera: crear un mundo sonoro en el que uno pudiera sumergirse.

Desde el punto de vista cultural, el disco fue revolucionario. Consolidó el papel de Pablo como una de las figuras más innovadoras del reggae y amplió el alcance del dub. Para muchos oyentes fuera de Jamaica, *East of the River Nile* se convirtió en una puerta de entrada: un disco que llevó las raíces del reggae a una dimensión espiritual universal. Desde entonces, ha influido no solo en músicos de reggae, sino también en artistas de música ambiental, productores de música electrónica y cualquier persona interesada en la intersección entre el ritmo y la meditación.

Al escucharlo hoy, el álbum sigue resultando tan relevante como siempre. En una época de distracciones y prisas, su paciencia resulta radical. No pide nada más que quietud: sentarse, escuchar, respirar con él. Sus melodías no son complejas, pero perduran. Sus ritmos no son llamativos, pero perduran. Es música que abre un espacio: para el pensamiento, para la reflexión, para la conexión.

Tanto para mujeres como para hombres, ya sean oyentes experimentados o recién iniciados en el reggae, *East of the River Nile* resulta acogedor. No hay alardes ni exclusivismo. Su fuerza reside en la humildad, en la fragilidad de la voz de la melódica. Nos dice que la música no tiene por qué ser ruidosa para ser poderosa, ni compleja para ser profunda. Ofrece una visión del sonido como un refugio, al alcance de cualquiera que decida entrar en él.

En vinilo, el disco cobra una resonancia especial. El bajo retumba en el suelo, anclándote al presente. La melódica flota por encima, frágil pero persistente. El leve crujido de la grabación se funde con los ecos, como si el propio disco respirara. La portada —Pablo de pie, solemne, con la melódica en la mano— refuerza la sensación de devoción. Esta no es música para distraerse. Es música para una ceremonia.

Casi cincuenta años después, *East of the River Nile* sigue siendo uno de los grandes álbumes de la cultura musical. Tiende un puente entre el reggae de raíces y el dub, entre lo local y lo global, entre el cuerpo y el espíritu. Demuestra que incluso el más humilde de los instrumentos puede tener un profundo significado si se toca con sinceridad. Pablo cogió un juguete de niño y lo convirtió en un vehículo de profecía.

Escuchar hoy es recordar que los viajes más profundos suelen comenzar con los sonidos más sencillos: un soplo en una melódica, una línea de bajo que fluye como la propia tierra, una plegaria que se pierde en el eco.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete, o haz clic aquí para seguir leyendo.

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