Blue Maqams — Anouar Brahem (2018)
El oud como memoria, indagación y silenciosa rebeldía
Por Rafi Mercer
«Blue Maqams» da la sensación de haber recorrido un largo camino hasta llegar a ti, no en distancia, sino en el tiempo. Las primeras notas parecen más antiguas que la habitación en la que estás sentado, y, sin embargo, llegan con una claridad que pertenece por completo al presente. Se trata de una música que no se presenta como mística, pero que se convierte en tal gracias a la paciencia.
El oud de Anouar Brahem ocupa el centro del disco más como una pregunta que como una afirmación. Nunca se apresura a resolverse. En cambio, traza líneas —cuidadosas, deliberadas, inquisitivas— como si estuviera probando cuánto espacio puede abarcar una nota antes de desmoronarse. Se percibe la veta de la madera, la ligera resistencia de la cuerda contra el dedo, el esfuerzo humano que hay en cada sonido. Nada queda oculto. Nada se exagera.

Lo que hace que Blue Maqams sea extraordinario no es solo el encuentro entre mundos —el oud, el jazz y el maqam—, sino la moderación con la que se produce ese encuentro. El bajo de Dave Holland no sirve tanto de ancla como de flotador, aportando gravedad sin peso. Jack DeJohnette toca como alguien que entiende que el ritmo puede insinuarse en lugar de expresarse abiertamente. El pianista Django Bates se mueve con delicadeza en los márgenes, aportando color sin invadir el espacio. Aquí todos saben cuándo no tocar.
Si se escucha con atención, da la sensación de que este álbum pertenece más a una tradición de escucha que a una de interpretación. El sistema maqam —modal, circular, emocionalmente preciso— lleva consigo siglos de sentimientos acumulados. Pero Brahem no lo presenta como un legado. Lo trata como un material vivo. Estas melodías no son reliquias; son herramientas útiles para la reflexión.
El misticismo que sientes no es teatral. Proviene de la repetición, de la atención, de permitir que una frase vuelva ligeramente alterada, como si el mero hecho de ser escuchada la hubiera transformado. Se trata de una música que te enseña a escuchar al negarse a salirte al encuentro. Debes reducir el ritmo. Debes dejar de lado las expectativas. A cambio, te abre un registro más profundo de conciencia.
Lo que llama la atención es lo contemporáneo que resulta «Blue Maqams», a pesar de su antiguo lenguaje tonal. En un mundo de sonido comprimido y estímulos constantes, este álbum apuesta por la duración. Confía en que el significado surgirá si uno se mantiene atento. Esa confianza resulta silenciosamente radical.
Esto no es música de fondo. Es música que te acompaña: algo con lo que convives durante una hora y que luego te llevas contigo. Cuando se desvanecen las últimas notas, el silencio se percibe de otra manera. Cargado de emoción. Merecido.
«Blue Maqams» nos recuerda que algunos instrumentos no pertenecen a ninguna época concreta. Viajan a través del tiempo, acumulando historias, a la espera de oyentes dispuestos a recibirlos como se merecen.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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