Fela Kuti – Expensive Shit (1975)
Por Rafi Mercer
El tema comienza en silencio: la batería se mantiene firme en un patrón constante, el bajo gira con insistencia hipnótica y las guitarras parpadean como una bruma de calor. Entonces llegan los metales —agudos, urgentes, imponentes— antes de que la voz de Fela Kuti se imponga, a medio camino entre el canto y la declamación, llena de ironía y fuego. Se trata de *Expensive Shit*, publicado en 1975, una de las obras más emblemáticas del afrobeat y una de las declaraciones políticas más feroces jamás grabadas en vinilo.
Fela Kuti no era simplemente un músico. Era líder de una banda, disidente político y profeta cultural. A mediados de la década de 1970, había forjado el afrobeat: una fusión de ritmos yoruba, highlife, jazz y funk, que se extendía en composiciones largas e hipnóticas. Al mismo tiempo, se había convertido en un crítico implacable del gobierno militar de Nigeria, utilizando su música como arma y grito de guerra. *Expensive Shit* se sitúa en la encrucijada de esos roles: musicalmente trascendente, políticamente peligroso.
El título proviene de un incidente muy sonado. La policía nigeriana, desesperada por encarcelar a Fela, le colocó un porro. Él se lo tragó antes de que pudieran detenerlo. Las autoridades lo retuvieron hasta que presentó una muestra de heces, en la que esperaban encontrar pruebas. En cambio, Fela se las arregló para cambiar la muestra y salir en libertad. La historia se convirtió en leyenda, y Fela la transformó en arte. La canción que da título al álbum, «Expensive Shit», es a la vez una sátira mordaz y un desafío triunfal: el absurdo del poder puesto al descubierto, ridiculizado e inmortalizado en el ritmo.
Musicalmente, el tema es la esencia misma del afrobeat. El ritmo es implacable y se prolonga durante más de trece minutos. La batería, las congas y el shekere se entrelazan con precisión polirrítmica. La línea de bajo sirve de ancla, repitiéndose con insistencia hipnótica. Las guitarras trazan patrones concisos, entrelazándose con los teclados. Los metales marcan el ritmo con notas agudas, a veces al unísono, a veces en contrapunto. Por encima de todo ello, Fela despliega su voz —sarcástica, burlona, rítmica, más cerca del habla que del canto—. La repetición crea un estado de trance, pero también tensión: el ritmo va creciendo, capa a capa, hasta volverse ineludible.
La segunda canción, «Water No Get Enemy», ofrece un contraste. Su ritmo es más ligero, más fluido, y su mensaje más universal. Fela canta sobre la naturaleza esencial del agua: cómo nadie puede resistirse a ella ni rechazarla, cómo fluye hacia todas las vidas. La metáfora es tanto literal como política. El agua se convierte en un símbolo de persistencia, de inevitabilidad, de la fuerza del pueblo. La canción es más suave, más reflexiva, pero igualmente potente, con un ritmo que brilla con elegancia.
En conjunto, estas dos canciones resumen a la perfección el genio de Fela: por un lado, una crítica política mordaz; por otro, una filosofía atemporal. Ambas se apoyan en ritmos que parecen infinitos, ambas tienen sus raíces en el ritmo yoruba, pero son lo suficientemente amplias como para abarcar la improvisación del jazz, la energía del funk y la repetición modernista.
Desde el punto de vista cultural, *Expensive Shit* fue una auténtica bomba. El complejo de Fela, la República de Kalakuta, ya se había convertido en un símbolo de resistencia: una comuna, un estudio de grabación y un centro político. Su música daba voz a quienes habían sido silenciados por el régimen autoritario, y su rebeldía lo convirtió en blanco de un acoso constante. Este disco, con su burla hacia las autoridades y su himno a la resiliencia, no era solo entretenimiento. Era supervivencia, resistencia, profecía.
Al escucharlo hoy, el disco no ha perdido nada de su vitalidad. Los ritmos siguen siendo irresistibles, la sátira mordaz y la filosofía resonante. Exige una escucha pausada, no como música de fondo, sino como una inmersión total. La duración de las canciones, su repetición y sus capas tienen un propósito: sumergirte en el trance del ritmo, hacerte formar parte del ritmo hasta que sientas su fuerza en tu cuerpo.
Para oyentes de todas las culturas, géneros y generaciones, «Expensive Shit» resulta acogedor. Sus ritmos son universales, su humor accesible y su mensaje claro. La voz de Fela, aunque enérgica, no es excluyente. Se dirige a los poderosos, pero abraza al pueblo. Mujeres, hombres, aficionados veteranos al jazz, devotos del funk o recién llegados al afrobeat: todos encuentran su lugar en su sonido.
En vinilo, el disco es electrizante. El bajo resuena en el suelo, la percusión hace vibrar las paredes y los metales atraviesan el aire. La calidez analógica amplifica la fisicidad del groove, mientras que el crujido de la superficie se funde a la perfección con la energía bruta de la música. La portada —Fela, carismático y desafiante— captura ese espíritu: el artista como luchador, el groove como arma.
Casi cincuenta años después, «Expensive Shit» sigue siendo uno de los mayores logros de Fela Kuti. Es a la vez profundamente local y de resonancia universal, tanto una sátira de un régimen concreto como una profecía para todos los tiempos. Demuestra que la música puede poner al descubierto lo absurdo del poder, que el ritmo puede transmitir la verdad y que un ritmo puede ser a la vez alegría y resistencia.
Escuchar esto hoy es adentrarse en ese espacio: el groove que se va desarrollando, los metales que se elevan, la voz de Fela burlándose y proclamando. No solo se oye música, sino rebeldía; no solo ritmo, sino filosofía. Y uno se da cuenta de que lo más «caro», al fin y al cabo, es la libertad —que no se compra con dinero, sino con valor, perseverancia y sonido—.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete, o haz clic aquí para seguir leyendo.