Labi Siffre – «Remember My Song» (1975)

Labi Siffre – «Remember My Song» (1975)

Un disco conmovedor sobre la resiliencia y el ritmo que ha alcanzado la inmortalidad gracias al hip hop.

Por Rafi Mercer

Hay álbumes que, en su momento, parecen modestos, pero que más tarde se revelan como obras fundamentales. *Remember My Song*, publicado en 1975, es uno de ellos. A primera vista, no era más que otra entrada en el catálogo de Labi Siffre: el trabajo de un cantautor británico con una voz suave y un don para fusionar el folk, el soul y el jazz. Pero en su interior se escondía un ritmo que algún día serviría de base a uno de los temas más emblemáticos del hip hop y, más allá de eso, un conjunto de canciones que rebosan humanidad, convicción y maestría musical.

Labi Siffre nunca fue solo un cantante de soul. Nacido en Londres, de padre barbadense y madre belga, aportó una sensibilidad muy abierta a sus composiciones. Baladas folk, estribillos de gospel, arreglos con toques de jazz… Sus discos nunca se limitaron a una sola categoría. «Remember My Song» puede que sea su álbum más funk, pero también está impregnado de ternura. Se trata de un disco que no se hizo para seguir las modas, sino para capturar un estado de ánimo, una forma de ser de mediados de los años setenta que combinaba introspección y optimismo.

La canción que la mayoría de los oyentes conocen —aunque no sepan que la conocen— es «I Got The…». La primera mitad de la canción es casi lastimera, con la voz de Siffre flotando sobre una progresión melancólica. Luego llega el interludio instrumental: un ritmo profundo y arrogante construido a partir del piano eléctrico, la guitarra, el bajo y la batería, tan perfectamente sincronizado que parece una máquina a la que se le ha dado alma. Ese interludio sería sampleado más tarde por Dr. Dre para «My Name Is» de Eminem, lo que le dio a la canción de Siffre una segunda vida en un panorama musical completamente diferente. Pero en su forma original, es más que un ritmo: es un momento de pura química entre los músicos, en el que la banda se expande hacia algo que parece inevitable.

Sin embargo, reducir «Remember My Song» a una mera fuente de samples sería un error. El álbum rebosa variedad. «Another Year» es exuberante y cinematográfica, con las cuerdas elevando la voz de Siffre hasta convertirla en una experiencia de pantalla panorámica. «Dream Away» pone de manifiesto su talento lírico, con unas letras que se suceden con optimismo y melancolía a la vez. «Old Time Song» transmite el fuego del gospel, con palmas y armonías que se entrelazan como una congregación. Y luego está «Make It Go Away», una balada que resulta tan íntima como una confesión susurrada, con la voz de Siffre sencilla y sin artificios.

Lo que lo une todo es su tono. A diferencia de muchos cantantes de su época, Siffre nunca se esforzó por impresionar. Su forma de cantar es coloquial, casi frágil, y esa vulnerabilidad se convierte en su punto fuerte. Permite que los temas más funk suenen con los pies en la tierra y que los arreglos exuberantes resulten humanos. En vinilo, este equilibrio cobra vida. Los surcos son potentes pero nunca recargados, las cuerdas cálidas pero no empalagosas, la voz cercana y auténtica. Si lo escuchas en un buen equipo, percibirás los detalles: los dedos deslizándose por las cuerdas, el aire entre los instrumentos de viento, el matiz de su voz.

En un bar para escuchar música, «Remember My Song » suena de forma diferente según el contexto. Pon «I Got The…» y tendrás un ritmo que conecta al instante con cualquiera que haya disfrutado del hip hop en los últimos veinte años. Pon «Dream Away» o «Make It Go Away» y se hará el silencio, mientras la sala se sumerge en la intimidad de Siffre. Es un álbum que ofrece flexibilidad a los selectores: puede crear ambiente, puede ser una revelación, o puede ser ambas cosas en una misma noche.

El propio Siffre merece un reconocimiento que va más allá de la música. Abiertamente gay en una época en la que pocos artistas se atrevían a serlo, y sin pelos en la lengua en cuestiones de raza y justicia, plasmó sus convicciones en su arte con una fuerza serena. Eso hace que *Remember My Song* no sea solo una recopilación de temas, sino una declaración de ser: resiliencia a través de la melodía, integridad a través del ritmo.

El legado de este álbum no ha hecho más que crecer. Reeditado en numerosas ocasiones, ha cautivado a nuevas generaciones de oyentes, atraídos en un primer momento por el famoso sample y, posteriormente, cautivados por la profundidad de las canciones. A los DJ les encanta no solo porque suena bien, sino porque les transmite algo especial; es un disco cuyo significado parece ampliarse cuanto más lo escuchas.

¿Por qué tiene cabida en la sección «Tracks & Tales»? Porque es a la vez una joya oculta y una piedra angular. Porque demuestra cómo un disco puede tener múltiples vidas: como declaración del soul de los años 70, como pilar del hip hop y como clásico redescubierto. Porque demuestra que la escucha profunda no tiene que ver con la jerarquía de los géneros, sino con la honestidad, el groove y los espacios que crea la música.

Pon la aguja en «Remember My Song» y no solo volverás a 1975. Te adentrarás en un continuo en el que el folk, el soul, el jazz y el hip hop se funden en una sola voz. Es un disco que demuestra que la intimidad puede ser tan poderosa como el volumen, que la resiliencia puede tener tanto ritmo como dolor, y que, a veces, las canciones que casi olvidamos resultan ser las que más necesitamos recordar.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.

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