Luv (sic) Hexalogy — Por qué Nujabes y Shing02 siguen calando hondo
La arquitectura de la ausencia
Por Rafi Mercer
Hay discos que no terminan cuando se detiene la música: perduran, repitiéndose en bucle en tu interior, inconclusos pero completos. «Luv(sic) Hexalogy» es uno de ellos. No es tanto un álbum como una elegía que se extiende a lo largo del tiempo: seis movimientos, compuestos y publicados a lo largo de catorce años, dos artistas separados por la muerte pero unidos por el sonido. Es el sonido de la amistad que sobrevive al silencio y, de alguna manera, de la belleza que sobrevive al dolor.
La historia comienza a principios de la década de 2000 en Tokio, cuando un productor tranquilo y con gafas llamado Jun Seba —conocido por su anagrama, Nujabes— empezó a transformar el hip-hop en algo tierno. Le encantaban los acordes de jazz, los viejos discos de soul, las cajas tocadas con escobillas y la idea de que el ritmo podía curar. Por aquella misma época, un rapero y poeta japonés-estadounidense igualmente reflexivo llamado Shing02 estaba encontrando nuevas formas de hablar sobre la identidad y el amor en el lenguaje de la rima. Juntos, empezaron a crear algo que sonaba diferente a todo lo demás.
El primer tema, «Luv(sic)», apareció en 2001: un pequeño lanzamiento en el sello Hydeout Productions de Nujabes. Era íntimo, melancólico, preciso: un loop de jazz extraído de «Minerva’s Owl» de Aki Takase, un aleteo de cuerdas, una batería suave y el flow cálido y meditativo de Shing02 sobre el proceso creativo y la conexión humana. No era una canción de amor en el sentido habitual; trataba sobre la música como el amor mismo. La segunda y la tercera entrega llegaron en 2002 y 2003, cada una de ellas con un tono más profundo: más reflexivo, más intrincado, un poco más triste.
Luego, en febrero de 2010, Nujabes falleció en un accidente de tráfico con tan solo treinta y seis años. La conmoción fue profunda, no solo en la escena underground del hip-hop japonés, sino también entre toda una generación de oyentes de todo el mundo que habían encontrado consuelo en sus discos. Sus álbumes *Modal Soul* y *Metaphorical Music* ya habían alcanzado el estatus de culto, y su influencia se extendía desde los productores de chill-hop hasta los canales lo-fi de YouTube. Pero fue la serie inacabada *Luv(sic) * la que se convirtió en el núcleo de la historia.
En el momento de su fallecimiento, ya se habían esbozado las pistas instrumentales de las partes cuarta y quinta, y el ritmo de la sexta parte —que se encontró más tarde en su teléfono— estaba sin terminar. Durante los años siguientes, Shing02 y el equipo de Hydeout trabajaron minuciosamente para completarlas. La sexta y última parte, subtitulada «Grand Finale», se publicó el 26 de febrero de 2013, coincidiendo con el tercer aniversario del fallecimiento de Nujabes. Fue una colaboración póstuma en el sentido más auténtico de la palabra: no solo se trataba de terminar el trabajo de alguien, sino de preservar su lenguaje.
En 2015, las seis partes se reunieron, se remasterizaron y se publicaron bajo el título de «Luv(sic) Hexalogy». Escucharlo ahora es como recorrer seis estancias construidas por dos personas a lo largo del tiempo: cada una ligeramente diferente en cuanto a luz y tono, pero unidas por un único ritmo arquitectónico.
Las primeras canciones aún destellan el optimismo del descubrimiento. «Luv(sic) Part 1» es luminosa, llena de hi-hats con pincelada y bucles de piano: el sonido del sol de la tarde filtrándose a través de cortinas finas. La «Part 2» se adentra en la calidez brasileña, con un ADN armónico tomado de «Qualquer Dia», de Ivan Lins y Elis Regina, un sample reelaborado hasta que parece respirar. La «Part 3» aporta introspección; la voz de Shing02 se vuelve más madura, su interpretación más lenta y deliberada. La producción de Nujabes madura al mismo tiempo: los bucles tienen más capas y el bajo resulta más tangible.
A continuación viene la Parte 4, grabada tras la muerte de Nujabes. El tono cambia. Sigue siendo hermosa, sigue siendo delicada, pero hay algo fantasmal bajo el ritmo. Las estrofas de Shing02 se vuelven introspectivas, meditando sobre la pérdida, la continuidad y el deber de mantener viva la creación. En la Parte 5, el tema se hace explícito: el arte como vida después de la muerte, el amor como recuerdo. La muestra tomada de *Sounds of the City (Beginning) * de Gershon Kingsley le confiere una melancolía casi cinematográfica.
Y luego está la Parte 6: Gran final. Creada a partir de fragmentos encontrados en el teléfono de Nujabes y completada por Shing02 y Uyama Hiroto, cierra el círculo. El ritmo es más lento, más suave, luminoso: piano, vibráfono, batería con escobillas, un leve atisbo de tristeza. La voz de Shing02 ya no rapea a Nujabes, sino con él. El tema se desvanece con una tranquila repetición del estribillo de la serie: «Enamorado como un perro, con sensibilidad canina». No es un final definitivo; es perdón.
En un bar donde se escucha música, «Luv(sic) Hexalogy» suena como una historia que se va desarrollando entre susurros. Los graves zumban suavemente bajo el murmullo de las conversaciones, y los acordes de jazz parecen expandir el aire. Hay calidez, pero también peso: es el tipo de disco que hace que la sala se detenga, aunque solo sea por un segundo. La producción da la sensación de estar hecha a mano, cada bucle está suavemente redondeado, cada muestra pulida sin perder sus aristas. Es música digital que, de alguna manera, parece analógica: como algo tocado, no codificado.
El don de Nujabes era precisamente ese equilibrio. Utilizaba los samples con ternura, nunca con agresividad. Sus ritmos no son estridentes, sino que respiran. Se percibe el esmero en cada compás: los acordes de piano, la percusión fuera de compás, la suave compresión que hace que todo resulte cercano. Él comprendía algo que pocos productores entienden: que el ritmo no tiene que ver con el dominio, sino con la presencia.
Desde el punto de vista cultural, «Luv(sic) Hexalogy» se sitúa en una encrucijada fascinante. Pertenece al hip-hop, sí, pero también al jazz, al ambient, a la poesía y a la tranquila intimidad de las habitaciones a altas horas de la noche. Quienes la han descubierto a través de canales algorítmicos la han calificado de «lo-fi», pero eso no hace justicia a su precisión. Se trata de una música meticulosa: el trabajo de un productor que estudió armonía y de un letrista que estudió filosofía. Es minimalismo emocional ejecutado con una disciplina casi clásica.
Lo que lo hace hermoso no es solo la historia que hay detrás, sino el equilibrio entre la emoción y el diseño. Se puede sentir la humanidad que hay en él, no como sentimentalismo, sino como cariño. Incluso la producción póstuma se caracteriza por la moderación. Nadie intentó modernizar el sonido de Nujabes ni convertirlo en algo que estuviera de moda. Dejaron que siguiera siendo lo que era: cálido, abierto, sin resolver.
Cuando lo escucho, suelo hacerlo de forma consecutiva, las seis partes de una sola vez. Hay un ritmo en la escucha: primero, la chispa de la juventud; luego, la reflexión; después, la melancolía; y, por último, la elegancia. Para cuando llega la última parte, la habitación siempre parece diferente: de alguna manera más apacible, como si el propio aire se hubiera afinado. El disco no exige atención. Se la gana, con delicadeza.
Y eso es lo que hace que «Luv(sic) Hexalogy» sea tan conmovedora. No es solo un testimonio del genio de Nujabes o de la devoción de Shing02. Es la prueba de que una colaboración puede sobrevivir a uno de sus creadores. Es lo que ocurre cuando el arte se convierte en lenguaje, cuando la conversación continúa mucho después de que una de las voces se haya apagado.
Hay pocos discos que transmitan una sensación de tanta plenitud; y aún menos que se construyan a partir de fragmentos y del dolor. Pero aquí, la arquitectura de la ausencia se convierte en su propia forma de presencia. No se trata de lo que falta, sino de lo que queda.
La «Hexalogía de Luv» (sic) es hermosa porque se niega a llegar a su fin. En cambio, da vueltas sin cesar, como un recuerdo que no quieres que termine.
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