Nils Frahm – Spaces (2013)

Nils Frahm – Spaces (2013)

Por Rafi Mercer

El leve crujido de un taburete. Una tos entre el público. A continuación, una cascada de notas de piano, urgentes y vertiginosas, que llenan el espacio de movimiento y luz. Así es como Nils Frahm da comienzo a *Spaces*, su álbum en directo de 2013 —aunque la expresión «álbum en directo» no le hace justicia en absoluto—. Más que un simple documento de conciertos, *Spaces* es un acto de traducción: convierte la interpretación en arquitectura, el recuerdo en sonido y la propia sala en instrumento. Es una de las obras más representativas del minimalismo europeo moderno y una de las invitaciones más poderosas a la escucha pausada de la última década.

Frahm, pianista y compositor afincado en Berlín, ya se había consolidado con álbumes como *Felt* y *The Bells*, en los que la intimidad era fundamental. Se podían oír los martillos de fieltro del piano y los ruidos ambientales del estudio de grabación. Pero con *Spaces* amplió sus horizontes. Grabado a lo largo de dos años en diferentes escenarios, el álbum recoge no solo sus composiciones, sino también la energía de la actuación: las imperfecciones, la presencia del público, la sensación de riesgo. El resultado es una música que se percibe viva, cambiante y comunitaria.

El álbum se abre con «An Aborted Beginning», un breve fragmento que marca la pauta: texturas electrónicas, ecos tenues, una atmósfera que precede a la llegada de la primera pieza para piano. «Says», una de las piezas clave del disco, parte de un sencillo pulso de sintetizador para convertirse en un vasto crescendo, en el que Frahm va superponiendo arpegios hasta que el sonido adquiere un carácter oceánico. Es extático, pero sin perder nunca la paciencia. La pieza crece como la respiración, expandiéndose y contrayéndose, y arrastrando al oyente consigo.

«Hammers» pone de manifiesto su brillantez pianística. Las notas se suceden con intensidad rítmica, pero la pieza nunca da la sensación de ser un ejercicio de virtuosismo por el simple hecho de serlo. Más bien, parece energía hecha audible, el piano martilleado para impulsar el avance, con el público arrastrado por su estela. «Improvisation for Coughs and a Cell Phone» captura un momento más tranquilo: un recordatorio de que se trata de una actuación en directo, de que las interrupciones forman parte del ritual, de que la imperfección puede ser bella.

Por otra parte, «Said and Done» se prolonga a lo largo de quince minutos de desarrollo pausado. Un motivo sencillo se repite, se expande, se desvanece y vuelve a aparecer. La pieza es a la vez meditativa y dramática, y transporta al oyente a través de fases de quietud y tormenta. Es un ejemplo del talento de Frahm: la capacidad de equilibrar la repetición minimalista con el arco emocional, y la estructura con la espontaneidad.

Lo que hace que Spaces sea extraordinario es su carácter inclusivo. El piano minimalista puede parecer a menudo austero, reservado para entendidos. Pero Frahm toca con calidez, humor y generosidad. Se dirige a su público, bromea y lo incluye en el proceso. Su música, incluso en sus momentos más intensos, resulta acogedora. Tanto mujeres como hombres, tanto principiantes como oyentes experimentados, se sienten atraídos por ella. No hay ninguna barrera de conocimientos previos. Solo hay una invitación a escuchar: despacio, con atención, juntos.

El contexto cultural también es importante. Grabado en Berlín, *Spaces* refleja la reputación de la ciudad como centro de experimentación, donde la tradición clásica se une a la innovación electrónica. Frahm encarna esa hibridación: un pianista profundamente arraigado en Bach y Chopin, pero igualmente influenciado por el techno y el ambient. Se aprecia en su combinación de piano acústico y sintetizador, en su sentido de la repetición, en su énfasis tanto en el espacio como en la nota. Spaces es un puente entre lo antiguo y lo nuevo, lo analógico y lo digital, lo individual y lo colectivo.

En vinilo, el disco resulta especialmente impactante. El ruido de fondo se funde con el ambiente del directo, haciendo que el oyente se sienta presente en la sala. El gesto de dar la vuelta al disco encaja a la perfección con el ritmo: crescendos seguidos de pausas, tormentas seguidas de quietud. La naturaleza física del soporte refleja la naturaleza física de la interpretación de Frahm: sus manos golpeando con fuerza, su cuerpo inclinado, su respiración audible.

Lo que perdura de *Spaces* es su humanidad. No es perfecto, ni pulido. Tiene defectos en el mejor sentido de la palabra: está vivo, es impredecible, vulnerable. Frahm nos recuerda que el minimalismo no tiene por qué ser frío, que el virtuosismo no tiene por qué ser excluyente, que una actuación puede ser a la vez arte y encuentro. Nos muestra una forma de escuchar que no es ni solitaria ni elitista, sino comunitaria: la música como un espacio que habitamos juntos.

Una década después, *Spaces* sigue siendo uno de los discos imprescindibles de la cultura musical moderna. No solo recoge composiciones, sino también una filosofía: la creencia de que el sonido es entorno, de que la interpretación es un ritual y de que la imperfección es belleza. Nos invita a ralentizar el ritmo, a prestar atención y a sumergirnos en los espacios que crea la música.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete, o haz clic aquí para seguir leyendo.

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