Nina Simone en el Town Hall — Nina Simone (1959)
El sonido de una mujer decidiendo exactamente quién iba a ser
Por Rafi Mercer
Hay álbumes en directo que capturan a un artista en su mejor momento. Discos grabados cuando la reputación ya está consolidada, el repertorio probado y el público ya conquistado. Y luego están álbumes como *Nina Simone at Town Hall*: grabaciones que captan el momento exacto en el que un artista se sumerge en sí mismo, ante testigos, sin posibilidad de vuelta atrás.

El 12 de septiembre de 1959, Nina Simone subió al escenario del Town Hall, en el centro de Manhattan. Tenía veintiséis años. Un año antes, casi nadie conocía su nombre. Aquel verano, su grabación de «I Loves You, Porgy» se había convertido en un éxito y, de repente, la pianista clásica de Carolina del Norte —la que se había formado para los escenarios de concierto y había sido rechazada en ellos— se encontró con un público.
El lugar era importante.
El Town Hall no era una discoteca. Era una sala de conciertos, un espacio construido para la música de cámara y la escucha atenta, el tipo de escenario que, según le habían dicho en su día, nunca ocuparía. Llegó con un pequeño grupo —piano, bajo, batería— y un programa que se negaba a encajar en ninguna tradición concreta. Canciones populares. Canciones de musicales. Blues. Gershwin. Piezas que empezaban como Bach y terminaban como en la iglesia.
El disco comienza con «Black Is the Color of My True Love’s Hair» y, en menos de un minuto, ya se aprecia toda la esencia de Simone. El piano suena con la solemnidad de la música clásica. La voz es grave y pausada, más cercana al habla que al canto. Y, por debajo de todo ello, el silencio: un público tan quieto que casi se puede sentir cómo se inclinan hacia adelante.
Esa quietud es el instrumento secreto del álbum.
Los discos en directo suelen transmitir ambiente a través del ruido: aplausos, gritos, el tintineo de los vasos. En el Town Hall ocurre justo lo contrario. La sala está presente precisamente porque hay silencio. Cuando ella hace una pausa, el silencio se mantiene. Cuando llega «The Other Woman» —una de las interpretaciones más conmovedoras de sus inicios—, la última frase se sumerge en un silencio que se percibe casi físicamente. «La otra mujer siempre llorará hasta quedarse dormida», canta, y nadie se mueve.
No se impone nada.
Ya está todo colocado.
Es aquí donde el álbum parece estar en sintonía con la cultura de la escucha que tanto me fascina hoy en día. Un buen local para escuchar música se basa en un acuerdo sencillo: el público se compromete a prestar atención y la música le recompensa por ello. El Town Hall aquella noche de septiembre encarnaba exactamente ese acuerdo, establecido dos décadas antes de que a nadie se le ocurriera ponerle nombre. Una sala con el público sentado. Un intérprete que confiaba en el silencio. Música que revelaba más cuanto menos se hablaba. Si quieres entender para qué sirve una sala de audición, este disco es una respuesta tan buena como cualquier edificio.
«Summertime» aparece dos veces: primero como pieza instrumental, con el piano rodeando la melodía de Gershwin como si fuera una pregunta; y luego con la voz, como si ella necesitara sentar las bases antes de dar el paso. Es un pequeño detalle de la programación que lo dice todo sobre lo meditada que fue su forma de pensar. Nada en este disco es fortuito. Incluso la informalidad está compuesta.
En aquel momento, el álbum cumplió su función. Demostró que Simone no era una artista de moda con un único éxito, sino una intérprete de una seriedad poco común, y consolidó el escenario en directo como su verdadero medio de expresión, el lugar donde toda su esencia podía manifestarse al mismo tiempo. En las décadas posteriores, mientras los discos de estudio se recopilaban en antologías y eran objeto de debate, *At Town Hall* ha mantenido discretamente su posición: el primer documento completo de Nina Simone en una sala, al mando, en tiempo real.
Comando.
Silencio.
Elección.
Al escucharla hoy, lo que más me llama la atención es que se nota cómo va tomando decisiones. No está interpretando un personaje ya creado, sino construyéndolo —canción a canción, silencio a silencio— ante ochocientas personas que tuvieron el buen sentido de permanecer en silencio y dejarla hacer.
Algunos discos reflejan una trayectoria profesional.
Este documento recoge una llegada.
Preguntas rápidas
¿Es el concierto de Nina Simone en el Town Hall un buen punto de partida para conocer su música?
Sí, podría decirse que es el mejor. Recoge su primera actuación completa como artista en directo, en la que abarca influencias del folk, el jazz, el blues y la música clásica en una sola velada, antes de que ninguna discográfica se hubiera decidido por ella.
¿Qué diferencia a este álbum en directo de otros de su época?
La sala. El Town Hall era un lugar dedicado a los recitales, no un club, y el público escuchaba en un silencio casi total. La atmósfera del disco se debe a la atención, más que al ruido, y por eso conecta tan profundamente con la cultura actual de los bares donde se escucha música.
¿Cuál es la mejor forma de escucharlo?
De una sola vez, en una habitación tranquila, a ser posible en vinilo. Se escucha como si fuera una única actuación, más que como una recopilación de canciones, y los silencios entre los temas forman parte del disco.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.