Pharoah Sanders – Black Unity (1971)

Pharoah Sanders – Black Unity (1971)

Por Rafi Mercer

Hay álbumes que parecen menos grabaciones y más rituales. *Black Unity*, de Pharoah Sanders, publicado en 1971 por Impulse!, encaja perfectamente en esa categoría. A lo largo de una composición ininterrumpida de 37 minutos, Sanders y su conjunto crean una atmósfera que es a la vez apremiante y meditativa, extática y arraigada. Se trata de jazz espiritual, no como eslogan, sino como sonido vivido: música que construye comunidad al encarnarla.

Desde el primer pulso del bajo, «Black Unity» deja clara su intención. El groove es primitivo e insistente, impulsado por los bajos gemelos de Stanley Clarke y Cecil McBee. La sección rítmica se afianza en un vamp que nunca afloja su agarre, un pulso que es a la vez sencillo e inagotable. Sobre esta base, entra el saxofón tenor de Sanders, crudo y dominante, con un sonido áspero, gutural, casi vocal. No está tocando un tema, sino más bien llamando, invocando.

La formación es amplia: Hannibal Marvin Peterson a la trompeta, Carlos Garnett al saxo tenor, Joe Bonner al piano, Norman Connors y Billy Hart a la batería, y Lawrence Killian a las congas. Juntos crean capas en lugar de solos, densidad en lugar de jerarquía. Los instrumentos de viento se entrelazan, la percusión se multiplica y el piano marca el ritmo. El propio Sanders alterna entre frases evocadoras y momentos de silencio, confiando en que el conjunto mantenga la energía.

En vinilo, el efecto es envolvente. Los graves son tangibles, con un retumbar constante que hace vibrar la sala. La percusión cobra vida con todo su detalle: el golpeo de las congas, el chasquido de los platillos, el estruendo de las cajas. El saxofón de Sanders destaca con una presencia extraordinaria, con sus armónicos vibrando en el aire. Escuchado en un equipo de alta fidelidad, *Black Unity* resulta abrumador en el mejor sentido de la palabra. No se queda educadamente en un rincón. Llena la sala, exige atención, transforma el aire mismo. En un bar de música, la pieza se convierte en un ritual colectivo: la conversación se desvanece, los cuerpos se balancean, los ojos se cierran.

Lo que hace que «Black Unity» sea tan potente es su apuesta por la repetición. El ritmo central nunca desaparece; al contrario, evoluciona. Las texturas se densifican, los metales cobran fuerza, la percusión se intensifica, pero la línea de bajo se mantiene. Esta constancia no es monotonía. Es meditación. Es trance. Es música que va ganando intensidad no cambiando, sino profundizando. Cada vuelta al pulso se percibe más fuerte, más urgente, más inevitable.

Ahí radicaba la genialidad de Sanders: tomar las innovaciones de la última etapa de Coltrane y trasladarlas a la práctica colectiva. Mientras que la obra de Coltrane solía parecer una búsqueda personal, Sanders la orientó hacia el exterior. Su sonido es extático, sí, pero también es social. *Black Unity* se percibe como una reunión, un ritual, una protesta, una celebración. Es tan político como espiritual; su unidad no es abstracta, sino que se plasma en el sonido de muchas voces que se mueven al unísono.

En el contexto de 1971, esto era importante. El movimiento por los derechos civiles estaba evolucionando hacia el «Black Power», el afrocentrismo estaba marcando el rumbo del arte y la música, y el jazz buscaba su lugar en un mundo cada vez más dominado por el funk y el rock. La respuesta de Sanders no fue refugiarse en el purismo, sino abrirse a la comunidad. Black Unity es un disco de su época, pero también una visión que va más allá de ella: un sonido que insiste en que la unidad es posible, que el groove puede ser revolución, que la música puede encarnar la libertad.

Si pones hoy el disco, verás que no ha perdido ni un ápice de su vitalidad. El surco sigue siendo hipnótico, los metales siguen siendo abrasadores y la energía sigue siendo contagiosa. Sigue siendo una prueba para cualquier equipo de sonido, un reto para cualquier estancia y un recordatorio de que escuchar puede ser una experiencia tanto colectiva como individual. *Black Unity* es más que un disco. Es todo un espectáculo.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.

Volver a los relatos

No es una lista de reproducción.

El número de socios fundadores está limitado a 200 en todo el mundo. El club de escucha «Tracks & Tales» está dirigido a quienes entienden que escuchar no es un simple ruido de fondo, sino que se trata de estar presente.

ÚNETE AHORA