async — Ryuichi Sakamoto y el sonido del espacio frágil (2017)

async — Ryuichi Sakamoto y el sonido del espacio frágil (2017)

Por Rafi Mercer

En los primeros instantes de «Async», el sonido es vacilante, fragmentado. Resuena una nota de piano, irregular, como si se tocara en una habitación vacía donde el propio instrumento se hubiera quedado sin aliento. Luego aparecen las texturas: el soplo del viento, un zumbido, fragmentos de melodía que parecen a la vez familiares y rotos. Desde los primeros segundos, uno comprende que no se trata de una música pulida ni acabada. Es una música de fragilidad, de mortalidad, de escuchar el mundo mientras se desmorona.

Publicado en 2017, «Async» fue el primer álbum de Ryuichi Sakamoto tras superar un cáncer de garganta. Esa experiencia se refleja en él de forma inconfundible. El disco no es un regreso triunfal, ni una reflexión sentimental. Es algo mucho más profundo: un artista que se enfrenta a la impermanencia y traduce la fragilidad en sonido. El propio título sugiere que no está sincronizado, ni alineado, ni completo. Es música desfasada, de forma deliberada y necesaria.

Sakamoto llevaba mucho tiempo siendo un artista camaleónico: desde el pop electrónico pionero de Yellow Magic Orchestra, pasando por las exuberantes bandas sonoras que le dieron fama mundial, hasta las obras minimalistas para piano que le aportaron intimidad. Pero *Async* resulta diferente. No se preocupa en absoluto por los géneros. Es un ensamblaje de fragmentos, grabaciones de campo, texturas y voces. A veces parece un diario, otras veces una instalación. Su unidad no reside en el estilo, sino en la presencia: el sonido de un artista que escucha el mundo y nos invita a hacer lo mismo.

Pistas como «Andata» comienzan con figuras lentas de piano, de ritmo irregular, en las que el pedal de sustain prolonga las notas hasta difuminarlas. Las imperfecciones —las ligeras disonancias, el ritmo desigual— son la esencia. No se trata de virtuosismo, sino de vulnerabilidad. Más adelante, en piezas como «Disintegration», el propio sonido comienza a corroerse, y los tonos electrónicos se desintegran en distorsión. En otros momentos, surgen voces: lecturas de Tarkovski, fragmentos de poesía, el murmullo de las lenguas. No se trata de recursos narrativos. Son recordatorios de que la música y la vida son porosas, de que el sonido se cuela desde el mundo que nos rodea.

El uso de grabaciones de campo es fundamental. La lluvia, los pasos, el zumbido de la maquinaria… todo ello se infiltra en el tejido del disco, difuminando la línea entre la composición y el entorno. El interés de Sakamoto por el sonido como material, más que como adorno, viene de lejos, pero aquí se convierte en algo esencial. No solo compone notas, sino que escucha los espacios: salas reverberantes, instrumentos en descomposición, la propia atmósfera.

Uno de los momentos más evocadores del álbum es «Solari», construido sobre un tono de órgano que parece extenderse sin fin, variando solo en incrementos casi imperceptibles. El sonido es monumental, casi eclesiástico, pero deshilachado en los bordes, como si el edificio que lo alberga se estuviera desmoronando. En «Life, Life», una voz recita poesía sobre un piano escaso, con una presencia humana a la vez arraigada y fantasmal. Cada tema se percibe como una meditación, no sobre la permanencia, sino sobre su ausencia.

«Async» también redefine lo que puede ser un álbum. No se trata de una secuencia de canciones, sino de una colección de estudios, en la que cada fragmento contribuye a un retrato más amplio. Algunas piezas duran solo un minuto, otras se alargan más, pero todas comparten la misma cualidad: la incompletitud, la apertura. Escucharlo es como recorrer habitaciones, cada una iluminada de forma diferente, algunas llenas de sonido, otras casi vacías.

No se puede pasar por alto el contexto cultural de *Async *. Al haber surgido tras la enfermedad de Sakamoto, a menudo se ha interpretado como su enfrentamiento con la mortalidad. Sin embargo, no es una obra sombría. Hay melancolía, sí, pero también luz. La música no se desespera; acepta. Reconoce la imperfección, la desintegración, la desarmonía… y encuentra belleza en ellas. La paciencia del álbum, su disposición a dejar espacio, su rechazo a la resolución, todo ello sugiere no derrota, sino elegancia.

Escuchar «Async» es experimentar el tiempo de otra manera. Se ralentiza, se alarga, se entrecorta. Las irregularidades te mantienen alerta, pero las texturas invitan a la quietud. No es música de fondo. Es una atmósfera con peso, un sonido que transforma el ambiente de la estancia. Lo que sugiere el título —«asíncrono»— se convierte en experiencia. La vida rara vez transcurre sin contratiempos, en perfecta sincronía. Este álbum nos recuerda que la disyunción puede tener sentido por sí misma.

En vinilo, las imperfecciones parecen magnificarse. El ruido de fondo, la ligera distorsión del tono, el acto físico de manipular un soporte frágil… Todo ello resuena con los temas del álbum. Esta no es música pensada para la claridad digital. Es música para la imperfección, para la calidez analógica, para el reconocimiento de que nada es nunca perfecto.

La influencia de *Async* ya se ha extendido, inspirando a compositores y artistas sonoros más jóvenes a aceptar lo incompleto y a utilizar el silencio y la textura como material. Pero su poder perdurable no residirá únicamente en su influencia. Radica en su humanidad. Sakamoto, al enfrentarse a su propia mortalidad, creó un disco que acepta la impermanencia no como un defecto, sino como un hecho.

Al escucharlo ahora, tras su fallecimiento en 2023, el álbum se percibe aún más como una despedida. No es una gran declaración, sino una serie de fragmentos, dejados deliberadamente incompletos. Es como si nos estuviera enseñando a escuchar el mundo cuando la música se detiene: con paciencia, con la mente abierta y con reverencia por lo cotidiano.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete, o haz clic aquí para seguir leyendo.

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