Rey Audio — Los monitores Kinoshita y la grandiosidad del cine
Por Rafi Mercer
Hay altavoces diseñados para el hogar, otros para estudios y unos pocos para escenarios. Rey Audio se enmarca en esta última categoría: unos monitores monumentales concebidos por el diseñador japonés Shozo Kinoshita, un hombre cuya obra difuminó la frontera entre el cine y la sala de control. No son altavoces de los que te topas en un salón; son instalaciones, construidas a gran escala, ajustadas para ofrecer potencia y veneradas por su capacidad para convertir cualquier estancia en una sala de sonido. En los bares de audición son una rareza, pero cuando están presentes, lo definen todo.
La trayectoria profesional de Kinoshita era impecable. Había trabajado para JBL en Japón, luego colaboró con Onkyo y más tarde fundó Rey Audio en la década de los 80. Su filosofía era clara: el sonido debía ser tan dinámico y sin compresiones como la propia vida. Para lograrlo, diseñó unos enormes monitores con bocina —la serie RM, entre los que destacan el RM-7 y el RM-11— con altavoces capaces de ofrecer la precisión de un estudio y, al mismo tiempo, una potencia propia de una sala de cine. Se trataba de sistemas pensados para salas de masterización y platós de doblaje, pero los audiófilos japoneses y los propietarios de bares no tardaron en darse cuenta de su atractivo.
Entra en un bar con monitores Rey Audio y lo sientes antes incluso de oírlo. Cajas tan altas como una persona, bocinas que parecen ventanas a otra dimensión, todo de gran tamaño pero perfectamente ajustado. Recuerdo haber visitado un local en Osaka donde un par de RM-7 dominaban la pared del fondo. El disco que sonaba era *Thembi*, de Pharoah Sanders. Las campanas iniciales y las líneas de flauta flotaban con una claridad cristalina; luego, el bajo y la batería irrumpieron con una fuerza física tal que hacían vibrar los vasos sobre las mesas. No era el volumen, era la magnitud. La propia sala parecía doblegarse ante la música.
Esa escala es la clave del legado de Kinoshita. Mientras que JBL y Altec ofrecían monitores para estudios y salas de cine, Rey Audio ofrecía una fusión de ambos: precisión unida a inmensidad. En un bar de audición, esa fusión provoca una especie de asombro. Los clientes no solo escuchan el disco; experimentan su arquitectura. Los graves no se quedan en el suelo: construyen el suelo. Las bocinas no reproducen los agudos: iluminan el aire.
Visualmente, los monitores de Rey Audio tienen un aspecto industrial y no se andan con rodeos. Cajas oscuras, bocinas a la vista, a veces dispuestas en pares para conseguir un auténtico efecto de «muro de sonido». No pasan desapercibidos; dominan el espacio. En los bares, suelen convertirse en parte del mito del local. La gente no solo habla del whisky o de los vinilos; habla de «los Kinoshita».
En comparación con el refinamiento artesanal de Living Voice o la intimidad a medida de Friendly Pressure, Rey Audio es más elemental. No se trata de adaptar el sonido a un grupo reducido, sino de abrumar con una fidelidad a escala monumental. Eso hace que sean poco habituales en los bares de audición, pero inolvidables allí donde se instalan.
Kinoshita falleció en 2011, pero los sistemas de Rey Audio siguen siendo muy solicitados, y quienes comprenden su papel único en la historia del sonido los conservan y aprecian. Son un homenaje a la búsqueda japonesa de la máxima grandiosidad, un recordatorio de que la experiencia auditiva puede ser tan amplia como el cine y, al mismo tiempo, tan detallada como una grabación de estudio.
Al fin y al cabo, Rey Audio no es solo una marca de altavoces, es toda una declaración de intenciones. Una afirmación de que la fidelidad puede ser tan amplia como la imaginación, de que un bar puede albergar no solo música, sino también un teatro. Y cuando esas bocinas se abren, la noche se convierte en algo más que una simple experiencia auditiva. Se convierte en una inmersión total.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.