Bunnahabhain 12 — Las tranquilas profundidades de Islay

Por Rafi Mercer

Cuando se habla de Islay, suele hacerse en términos de humo. Lagavulin, Laphroaig, Ardbeg… Su turba define la reputación de la isla. Pero Bunnahabhain siempre ha sido la excepción, mostrando otra faceta de Islay: más suave, sin turba (o con un ligero toque de turba en algunas expresiones), rica en notas de jerez y aire marino. El embotellado de 12 años es su pilar fundamental, un whisky que demuestra que Islay no necesita gritar para ser profundo. Es un trago de profundidad serena, de sal y dulzura, de equilibrio más que de fuego.

La destilería se fundó en 1881 en la escarpada costa noreste de Islay, donde las bodegas miran directamente al estrecho de Islay, en dirección a Jura. Durante gran parte de su historia, el whisky de Bunnahabhain se utilizó en mezclas, pero en las últimas décadas sus whiskies de malta han ganado adeptos entre quienes prefieren los matices a la potencia. El de 12 años ha sido durante mucho tiempo la puerta de entrada: accesible pero complejo, suave pero con un inconfundible toque marítimo.

En la copa, presenta un color dorado intenso con matices cobrizos. En nariz destacan los aromas a frutos secos, nuez, miel y salmuera, con un ligero toque ahumado en un segundo plano. En boca se aprecia una gran complejidad: la riqueza propia del jerez, con notas de pasas y toffee, equilibrada por el dulzor de la malta, la sal marina y el toque seco de los frutos secos. La textura es redonda, casi cremosa, pero sin resultar pesada en ningún momento. El final es largo y reconfortante, con notas de fruta, roble y un toque salino que perdura como el rocío del mar.

Lo que hace que el Bunnahabhain 12 sea imprescindible en la guía «Tracks & Tales: Los 50 mejores whiskies» es cómo amplía la historia de Islay. Nos recuerda que el whisky de la isla no se define únicamente por la turba. Por el contrario, demuestra cómo la influencia marítima y la maduración en barricas de jerez pueden aportar profundidad sin agresividad. Es un whisky para aquellos que escuchan con más atención, que encuentran resonancia en la sutileza.

Su equivalente musical es *Sunday at the Village Vanguard*, de Bill Evans. Grabado en 1961, captura al trío de Evans en su momento más íntimo, entrelazando el piano, el bajo y la batería en una música que resulta a la vez frágil y eterna. Al igual que el Bunnahabhain 12, se trata de matices, de interacción, de cómo pequeños cambios pueden tener un peso inmenso. «Gloria’s Step» y «Alice in Wonderland» se revelan poco a poco, al igual que la riqueza a jerez del whisky se va desplegando sorbo a sorbo. Ambas piezas se caracterizan por una profundidad que susurra en lugar de proclamar.

En un bar de degustación, esta combinación se convierte en un ejercicio de poder silencioso. Con un trago de Bunnahabhain 12 en la mano, las notas del piano de Evans se van desplegando; la dulzura a frutos secos del whisky se hace eco de la calidez de la música, mientras que su toque salino refleja el silencio de la sala entre nota y nota. Ninguno de los dos exige silencio, pero ambos lo crean de forma natural, como si la propia sala aprendiera a escuchar.

El Bunnahabhain 12 no es un whisky que llame la atención. Nunca dominará las estanterías con campañas de marketing, ni abrumará el paladar con su sabor ahumado. Pero es uno de los más gratificantes para quienes le dedican tiempo. Demuestra que el whisky, al igual que la música, puede ser profundo sin necesidad de volumen, y que la sutileza tiene su propia arquitectura.

Y quizá el siguiente paso sea degustarlo en un bar que rinda homenaje a la intimidad: un local con luz tenue, estanterías repletas de tesoros discretos y un tocadiscos que deje sonar al trío de Evans hasta bien entrada la noche. Porque el Bunnahabhain 12, al igual que un domingo en el Village Vanguard, nos revela que la profundidad no siempre tiene que ver con la magnitud; a veces se trata de los detalles y de los espacios donde se deja que los detalles respiren.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales»,suscríbete o haz clic aquí.

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