Highland Park 18 — Miel y brezo, fuego y piedra
Por Rafi Mercer
Hay whiskies que se basan exclusivamente en el ahumado, y hay otros que se basan en el dulzor. El Highland Park 18 no hace ninguna de las dos cosas. En cambio, los equilibra con una precisión excepcional, aportando notas de miel, frutos secos y una turba con aroma a brezo que solo se encuentra en las Orcadas. No se trata de un trago de extremos, sino de un trago de equilibrio, en el que el dulzor y el ahumado conviven en armonía.
Highland Park se fundó en 1798 en las Orcadas, el enclave destilador más septentrional de Escocia. Son unas islas azotadas por el viento, remotas y moldeadas por el mar del Norte y el Atlántico Norte. La turba de aquí no se parece a las turberas ricas en yodo de Islay. Se extrae de los brezales, ricos en brezo, lo que le confiere un ahumado más suave: aromático, floral, casi como el incienso. La edición de 18 años se ha considerado durante mucho tiempo la obra maestra de la destilería, el punto en el que la riqueza de las barricas de jerez y el ahumado de la turba de brezo se unen en una proporción perfecta.
En la copa, el Highland Park 18 brilla con un intenso color cobrizo. En nariz, nos recibe con notas de miel, albaricoque seco, piel de naranja y un suave toque ahumado. El primer sorbo se amplía con notas de toffee, chocolate negro, pasas y roble especiado, todo ello entretejido con ese toque de turba y brezo. El ahumado nunca resulta abrumador; se desliza, casi perfumado, trayendo consigo dulzura. El final es largo y cálido, dejando un recuerdo de fruta y humo entrelazados. Es un whisky que se percibe completo, redondo y con estructura.
Lo que hace que el Highland Park 18 sea extraordinario es su equilibrio. No exige lealtad ni a la turba ni al jerez; demuestra cómo ambos pueden fusionarse. Es un whisky de diplomacia, pero también de profundidad: el tipo de trago que se disfruta por igual tanto en soledad como en compañía. Por eso tiene cabida en la guía «Tracks & Tales» de los 50 mejores whiskies: demuestra que el equilibrio puede ser tan potente como la intensidad.
Su equivalente musical es *Journey in Satchidananda*, de Alice Coltrane. Publicado en 1971, el álbum se basa en el arpa, el bajo y el drone, con un carácter meditativo que se inspira tanto en la espiritualidad oriental como en el jazz. Al igual que el Highland Park 18, trata sobre la fusión: elementos que se unen para formar algo mayor que la suma de sus partes. Si escuchas la canción que da título al álbum, percibirás una serenidad arraigada en la profundidad y una repetición que se transforma en trascendencia. Si lo acompañas con un sorbo de Highland Park 18, el dulzor y el ahumado del whisky se hacen eco de la doble naturaleza de la música: tranquila, pero potente; suave, pero duradera.
En un bar de degustación, el maridaje resulta muy acertado. Sírvete un trago de GlenDronach 15 cuando comience el riff de clavinet de «Higher Ground»; la dulzura oscura del whisky se hace eco del pulso del funk. Para cuando suena «Visions», suave e introspectiva, el whisky ya se ha asentado en su largo final, y la fruta y el roble se funden como acordes que se desvanecen en el silencio. Tanto el whisky como el álbum son envolventes: llenan la sala, te invitan a sentarte y te dejan transformado.
El GlenDronach 15 no es sinónimo de sutileza. Es sinónimo de plenitud. Muestra lo que ocurre cuando se le da tiempo y paciencia al destilado y a la madera, cuando se busca la riqueza sin complejos. Para aquellos que crean sus propios rituales de degustación, supone un recordatorio: a veces, el momento exige grandeza, un whisky que te envuelva en terciopelo y discos que hablen con autoridad.
Y quizá el siguiente paso sea buscarlo en el lugar adecuado: un bar con butacas de cuero mullidas, estanterías repletas de whiskies de malta con notas de jerez y altavoces que difunden el ritmo de Stevie Wonder en la noche. Porque un whisky como este no es solo para degustarlo; es para sumergirse en él, para dejar que su riqueza llene el aire tanto como la copa.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales»,suscríbete o haz clic aquí.