Guía para principiantes sobre cómo convertirse en un oyente «lento»

Guía para principiantes sobre cómo convertirse en un oyente «lento»

Por Rafi Mercer

Nos enseñan a consumir rápidamente.

Desplazar, deslizar, saltar… La música se ha convertido en un telón de fondo, comprimida en fragmentos para llenar los huecos entre todo lo demás.

Pero hay otra forma.

La escucha pausada no tiene que ver con la escasez ni con la nostalgia; tiene que ver con la presencia.

Se trata de dedicarle a la música tu tiempo y tu atención, y a cambio recibir algo más que sonido: una experiencia que perdura.

Para convertirse en un oyente «lento», lo primero es tener la intención de hacerlo.

Elige un álbum.

No es una lista de reproducción, ni una reproducción aleatoria, sino un único disco o una única transmisión de principio a fin.

Déjate llevar por el orden que ha elegido el artista. La primera canción no es un gancho aislado, sino una puerta de entrada; la última, una despedida. Al sumergirte en el conjunto, entras en el espacio que la música fue concebida para crear.

El segundo paso es el entorno. Una habitación tranquila, una silla cómoda, unos altavoces orientados hacia ti… los detalles básicos son importantes. En los bares de audición, desde Tokio hasta Londres, te das cuenta de cómo el entorno está pensado para favorecer la concentración. En casa, puedes reproducir esto de forma sencilla: baja las luces, silencia el móvil, sírvete una copa. No se trata de hacer alarde de lujo, sino de prestar toda tu atención.

Luego viene la paciencia. En los primeros diez minutos es posible que te sientas inquieto. No te rindas. Hacia la tercera o cuarta pista, la inquietud se disipa y la música toma el control. Este cambio —del control a la entrega— es la esencia de la escucha pausada. Empiezas a percibir detalles que antes se te escapaban: la respiración antes de una línea vocal, el decaimiento de un platillo, el silencio que enmarca una nota.

La escucha pausada no es solo un ejercicio de disciplina. Es un regalo. Devuelve el equilibrio a un mundo de ruido constante. Ofrece un ritmo más cercano al de caminar, cocinar o respirar que al de desplazarse por la pantalla. Y nos recuerda que el tiempo en sí mismo puede vivirse de otra manera —alargado, profundizado, más generoso— cuando se dedica a la música.

Si necesitas un punto de partida, elige un disco con carácter: *Kind of Blue*, de Miles Davis; *Extension of a Man*, de Donny Hathaway; o los *Cuartetos de cuerda*, de Philip Glass. Siéntate a escucharlos. Deja que sus mundos se desplieguen ante ti. Descubrirás que, cuando la última nota se desvanezca, no solo estarás escuchando de otra manera, sino que también estarás pensando de otra manera.

Al fin y al cabo, la escucha pausada es más una actitud que una práctica. Es la forma en que elegimos acercarnos al arte y, por extensión, la forma en que elegimos relacionarnos unos con otros. Una habitación, un disco, un poco de tiempo… eso es todo lo que pide. Y lo que a cambio nos ofrece bien merece la pena la espera.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.

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No es una lista de reproducción.

El número de socios fundadores está limitado a 200 en todo el mundo. El club de escucha «Tracks & Tales» está dirigido a quienes entienden que escuchar no es un simple ruido de fondo, sino que se trata de estar presente.

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