La llamada del valle — Escuchar como paisaje (2012)
Un disco apacible y con los pies en la tierra que concibe la escucha como una forma de adentrarse en un lugar, más que como un mero consumo de sonido.
Por Rafi Mercer
La mañana del viernes es un buen momento para escuchar este álbum. La semana se ha ido suavizando, el ruido ha disminuido y *Call of the Valley* llega sin prisas. No reclama atención, sino que se la gana poco a poco, con paciencia, moderación y una percepción del tiempo casi geográfica.
Se trata de una música moldeada por la tierra. Aquí no se evoca a Cachemira de forma teatral, ni se idealiza en imágenes de postal. En cambio, se percibe en el ritmo de las melodías, en la forma en que las frases suben y bajan como senderos, en lugar de como crescendos. El trabajo de Rahul Sharma al santoor es fundamental para transmitir esa sensación. Se deja que las notas respiren, que se desvanezcan de forma natural, que se difuminen unas en otras. Nada se hace con prisas. Nada se ve obligado a resolverse demasiado rápido.

En lo que a la voz se refiere, Chintoo Singh Wasir transmite algo más antiguo que la mera interpretación. Son canciones que parecen más un legado que una creación propia: pastorales, devocionales, moldeadas por la repetición y la memoria. La voz no domina la música; se mueve en su interior, como una figura que atraviesa un amplio paisaje en lugar de situarse en su centro.
Aquí hay ritmo, pero es un ritmo que se recorre más que uno que se marca. La percusión parece guiada por las manos, humana, casi incidental: un recordatorio de que esta música surge del movimiento, de personas que viajan, que cuidan y que escuchan mientras avanzan. Temas como «Nomads in the Valley» se desarrollan con una calidad cinematográfica, aunque el drama es totalmente interno. La fuerza proviene de la quietud, de lo poco que se añade más que de lo mucho.
Lo que más llama la atención es que el álbum se niega a modernizarse solo por el simple hecho de hacerlo. *Call of the Valley* no es un disco de fusión, ni tampoco es nostálgico. Se sitúa en un terreno más tranquilo: la tradición presentada con claridad, respeto y el espacio suficiente para que el oyente se adentre en ella. Por eso resulta tan adecuado para una mañana sin prisas: se adapta a tu respiración en lugar de a tu agenda.
Esta no es música para distraerse. Es música para orientarse. Al terminar el disco, no te sientes entretenido, sino que te sientes en tu sitio —con el suave recordatorio de que escuchar sigue siendo una forma de llegar a algún lugar—.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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