Lema — La bodega sonora de Burdeos

Lema — La bodega sonora de Burdeos

Por Rafi Mercer

Nueva oferta

Nombre del local: Motto Bar
Dirección: 33 Rue des Piliers de Tutelle, 33000 Burdeos, Francia.
Página web: —
Instagram: @motto_bar

Burdeos es una ciudad que sabe cómo tomarse un respiro. Su ritmo siempre ha sido más lento, más suave y más pausado que el de París: el ritmo de un trago, más que el de un latido. Sin embargo, bajo esa calma, el sonido se abre paso. Escondido tras fachadas de piedra y forjas del siglo XIX, Motto parece la rebelión silenciosa de la ciudad: un bar de alta fidelidad disfrazado de bodega de cócteles.

Lo encontrarás en la Rue des Piliers de Tutelle, una calle estrecha de piedra caliza clara y largas sombras. La entrada no deja entrever casi nada: solo un letrero discreto y el resplandor ámbar que emana del interior. Al cruzar la puerta, el ambiente cambia. El techo se hace más bajo, la iluminación se vuelve más cálida y un tocadiscos zumba desde una mesa de la esquina. La sala cobra vida de inmediato, pero de una forma sobria y llena de matices. Las conversaciones se suavizan; las copas tintinean, pero no con fuerza. Enseguida te das cuenta de que esto no es otro bar de vinos de Burdeos. Es una sala diseñada para el sonido.

Los fundadores de Motto, Hugo Seguy y Tom Moreno, querían crear un espacio donde la escucha y la degustación pudieran fusionarse: un bar diseñado tanto para el paladar como para el oído. Tomaron como base la arquitectura de una bodega y la afinaron como si fuera un instrumento. La acústica se ha estudiado minuciosamente; los materiales absorben en lugar de reflejar, lo que permite que la música llene el espacio sin eco ni fatiga auditiva. La pieza central es un colosal mueble de 400 kilogramos que alberga un par de altavoces de estantería vintage cuya antigüedad no hace sino realzar su calidez. El sistema es vintage pero potente, ajustado para reproducir vinilos con todo su cuerpo y detalle.

Aquí la música no es un simple fondo. Forma parte del servicio. A primera hora de la tarde, el ambiente se impregna de jazz y soul, lo suficientemente sutiles como para entremezclarse con la conversación. Más tarde, la selección musical se amplía: disco, funk, ritmos internacionales, a veces chanson francesa, a veces temas poco conocidos de algún DJ invitado. Cada tema parece elegido por el ambiente que crea, no por su popularidad. Los clientes rara vez preguntan qué está sonando; simplemente confían en que la selección dé sentido al ambiente del local.

Detrás de la barra, la filosofía continúa. Los cócteles y los vinos comparten protagonismo: nada excesivamente recargado, todo equilibrado. Las bebidas estrella apuestan por la frescura y los productos de temporada: highballs cítricos, spritzes de vermú y sours a base de mezcal servidos con una soltura experta. La propia herencia vinícola de Burdeos impregna la carta, pero se hace hincapié en el descubrimiento más que en el prestigio. Los productores naturales y biodinámicos conviven con las denominaciones de origen clásicas, y cada copa parece servirse al ritmo de la música. La comida, también, es modesta y cuidada: pequeños platos de aceitunas, queso, embutidos y aperitivos calientes que mantienen la conversación fluida.

El público es un reflejo del nuevo espíritu de la ciudad. Vecinos vestidos de lino, creativos de las galerías cercanas, estudiantes del conservatorio, viajeros de paso que han oído hablar del «bar con el sonido espectacular». Lo que les une es la curiosidad: gente atraída no tanto por el volumen como por la profundidad. Las normas de comportamiento son tácitas, pero se dan por entendidas: las voces bajan para adaptarse al volumen de la música, los móviles se guardan en los bolsillos y el tiempo se ralentiza.

En cuanto al diseño, Motto se sitúa a medio camino entre una bodega y un estudio. Paredes de piedra, vigas de roble, líneas suaves. La luz resplandece desde los nichos, iluminando por igual las botellas y las fundas de los discos. Hay una intimidad que roza la reverencia, pero que nunca cae en la pretensión. Se nota que ha sido creado por gente a la que le importa la textura: en el sonido, en la bebida, en el ambiente. Es el tipo de local que no necesita alardear de su estética; simplemente la respira.

Motto forma parte de una corriente europea en auge: el movimiento de los «bares de escucha», inspirado en los «kissaten» de jazz de Tokio y que ahora está adquiriendo su propio acento continental. Sin embargo, Burdeos le aporta su propio matiz. Aquí, la cultura del terruño se une a la cultura del sonido. No se trata de exclusividad, sino de proporción: el vino adecuado al volumen adecuado, el disco adecuado para cada momento. El resultado es algo claramente francés —sensual, pausado, mesurado—, pero con un carácter global.

Al volver a salir a la noche, la Rue des Piliers de Tutelle parece cobrar nueva vida. El sonido de los pasos resuena contra la piedra caliza, y te das cuenta de que tus oídos siguen sintonizados con la frecuencia de Motto: el peso de los graves en equilibrio con la luz del cristal. En una ciudad construida sobre su patrimonio, este es el nuevo Burdeos: elegante, tranquilo, pero moderno en su seguridad. Motto no compite con el ruido del mundo. Lo refina.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.

Volver a los relatos

No es una lista de reproducción.

El número de socios fundadores está limitado a 200 en todo el mundo. El club de escucha «Tracks & Tales» está dirigido a quienes entienden que escuchar no es un simple ruido de fondo, sino que se trata de estar presente.

ÚNETE AHORA