Miedo: aceptar el sentimiento en lugar de resolverlo

Miedo: aceptar el sentimiento en lugar de resolverlo

Por Rafi Mercer

El miedo rara vez llega de forma espectacular. Lo más habitual es que aparezca en silencio, ya instalado, esperando a que te des cuenta de su presencia. Ese es el espacio que ocupa «Scared», de Fred again..: no el momento de pánico, sino ese largo y sordo murmullo de inquietud que se instala una vez que el ruido ha pasado.

La canción no se anuncia. Empieza como un pensamiento que no has invitado. Una voz, cercana y sin defensas, habla más que canta. No es una actuación, sino una confesión. Parece sacada de una nota de voz enviada a altas horas de la noche, de esas que grabas para despejar la mente más que para que las escuche nadie más. Fred siempre ha entendido que la vida moderna deja sus huellas más sinceras en estos fragmentos. Aquí, no los pule. Deja que permanezcan sin terminar.

Musicalmente, «Scared» se resiste al impulso. El ritmo nunca acaba de arrancar del todo. La percusión resuena suavemente, como si estuviera tanteando el terreno. Los sintetizadores crecen y se retraen, respirando en lugar de afirmarse. No hay ningún «drop» esperando entre bastidores, ni ninguna carrera hacia la liberación. En cambio, el tema gira en torno a su propia emoción, repitiendo la vacilación del mismo modo que la ansiedad repite los pensamientos. Es música electrónica construida en torno a la pausa, más que a la propulsión.

Lo que hace que la canción sea tan sutilmente poderosa es su negativa a llegar a una resolución. El miedo, en la vida real, no se resuelve por sí solo. No concluye con un estribillo ni se disuelve en la claridad. Fred lo entiende instintivamente. Al permitir que la canción se mantenga en el aire —dejando que el espacio, el silencio y la moderación hagan su trabajo—, crea algo más cercano a la experiencia vivida que al escapismo. No te aleja de ese sentimiento. Te invita a sentarte a su lado.

Hay una seguridad en esa moderación. Se necesita confianza para creer que quien escucha no necesita instrucciones, ni que le tranquilicen. «Scared» confía en que reconocerás la emoción sin necesidad de explicaciones. Confía en que la quietud puede tener peso, en que la vulnerabilidad no necesita amplificación para ser escuchada.

En el contexto más amplio de la obra de Fred again.., este tema parece un punto de inflexión silencioso. No se centra tanto en plasmar la alegría o la conexión, sino más bien en reconocer esos momentos íntimos que solemos omitir. Las dudas privadas. Las pausas antes de actuar. La incertidumbre que se cierne entre la intención y el movimiento. No es triste, exactamente. Es sincero. Y la sinceridad, cuando es tan espontánea, puede resultar cautivadora.

«Scared» se disfruta mejor cuando el día va llegando a su fin: de camino a casa, con las luces reflejándose en los escaparates, o a altas horas de la noche, cuando la habitación está lo suficientemente en silencio como para oír tu propia respiración. En un equipo de sonido que respete el espacio. Con unos auriculares que no aceleren los graves. No es una canción que exija atención; la recompensa.

Hay música que te ayuda a evadirte de lo que sientes. Esta canción hace algo más sutil y, quizá, más valiente: se queda contigo hasta que ese sentimiento se va atenuando por sí solo.

Eso, a su manera, es una forma de escuchar.


Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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