El sonido del poder: escuchas durante los años de Cheney

El sonido del poder: escuchas durante los años de Cheney

Los años de Cheney: una época en la que el poder se hacía oír con fuerza, las protestas pasaban desapercibidas y la música nos enseñó a volver a escuchar.

Por Rafi Mercer

La historia tiene su propia acústica. Se puede oír si se presta atención: las frecuencias de una época, el murmullo que subyace a los titulares. En los años en que Dick Cheney ostentaba el poder, Estados Unidos sonaba de una manera determinada. Eran los primeros años de la década de 2000, y el mundo se movía entre el ruido de fondo: teletipos de noticias, motores a reacción, el dial digital de mil emisiones que se sucedían sin cesar. Era una época en la que el ruido sustituía a los matices, en la que se amplificaba la certeza y la disidencia pasaba a un segundo plano.

Ahora que el mundo se hace eco de su fallecimiento, merece la pena volver a escuchar ese momento, no desde el punto de vista de las políticas o la política, sino a través del sonido. Los años de Cheney tuvieron su propia banda sonora, construida a partir de la tensión y el control, la ambición y el miedo. El aire mismo parecía comprimido. Las guitarras sonaban más pesadas, la batería más compacta, las mezclas más altas. La compresión no era solo una herramienta de audio, sino una metáfora de una nación que contenía la respiración.

Tras el 11-S, el panorama musical estadounidense cambió de la noche a la mañana. El silencio se convirtió en un símbolo; la música pasó a ser un terreno moral. Springsteen lanzó *The Rising*, un disco sobre el duelo y la resiliencia. A *Rage Against the Machine* se les censuró en las ondas. La música country experimentó un auge impulsada por el patriotismo, mientras que la música de protesta pasó a la clandestinidad. Incluso el pop reflejaba el eco de la ansiedad: los ritmos se agudizaron y las melodías se hicieron más tensas. La propia experiencia auditiva cambió; se volvió defensiva, incluso patriótica.

Eso es lo que convierte el hecho de escuchar en un acto político tan poderoso. No es algo pasivo. Determina cómo procesamos la verdad. En la era de Cheney, la arquitectura del sonido reflejaba la arquitectura del poder: vasta, controlada, centralizada. Los medios de comunicación se consolidaron; las listas de reproducción se homogeneizaron; la radio perdió su carácter regional. Todo se convirtió en una emisión en lugar de una conversación. Cuanto más alto era el volumen, más estrecho era el ancho de banda del pensamiento.

Y, sin embargo, como siempre, la resistencia tenía su propio ritmo. La escena underground respondió con profundidad: Mos Def, The Roots, Erykah Badu y el Kendrick Lamar de aquellos primeros tiempos aportaban complejidad allí donde la vida pública carecía de ella. Los productores británicos y europeos se decantaban por el dub, el ambient y el broken beat, sonidos que invitaban a la reflexión y a la distancia. La música se convirtió en el refugio de los matices. Mientras la política de la época buscaba el control, la música insistía silenciosamente en los sentimientos.

Es fácil olvidar hasta qué punto aquellos años marcaron la cultura auditiva. Enseñaron a toda una generación a cuestionar lo que oían, no solo desde el punto de vista musical, sino también moral. Los primeros años de Internet prometían acceso, pero no comprensión. La gente disponía de más información y menos interpretación. Por eso, echando la vista atrás, los años de Cheney parecen el inicio de nuestra actual crisis auditiva: demasiada señal y muy poco espacio.

Si la cultura de los bares de escucha significa algo hoy en día, quizá sea una reacción silenciosa a aquella época. En cierto modo, cada local que atenúa las luces, pone un disco en el tocadiscos e invita a la gente a sentarse y escuchar juntos es un antídoto contra el mundo que Cheney ayudó a definir: un mundo de difusión y control. Los bares de escucha convierten el monólogo de nuevo en diálogo. Sustituyen el volumen por la mesura. Nos recuerdan que el poder no consiste en hablar más alto, sino en escuchar más.

Hay algo poético en la idea de que, a medida que la generación de esos poderosos se va desvaneciendo, una nueva generación está aprendiendo a escuchar de nuevo: a tomarse las cosas con calma, a prestar atención, a valorar la pequeña señal por encima del vasto sistema. No es político en el sentido partidista, pero sí lo es en espíritu. Recupera la atención como forma de acción.

Entonces, ¿qué podría haber estado escuchando Dick Cheney? Quizá música country antigua, tal vez jazz en las noches de Wyoming, quizá silencio —ese que el poder confunde con paz—. Pero la pregunta más interesante es qué estábamos escuchando nosotros y qué aprendimos de ello. Esos años nos enseñaron que el volumen no es sinónimo de autoridad, y que el sonido —cuando se utiliza sin cuidado— puede dividir con la misma facilidad con la que une.

Ahora que el mundo vuelve a ser cada vez más ruidoso, escuchar parece el acto más radical que nos queda. La filosofía de Tracks & Tales siempre ha sido sencilla: recuperar la mesura en una época que confunde el volumen con el valor. El bar de música, el equipo de alta fidelidad en casa, el disco que gira en silencio al atardecer… No son formas de escapar del mundo, sino de volver a entrar en él, en términos humanos.

La historia debatirá el legado de Dick Cheney en el ámbito político. Pero el sonido lo recordará de otra manera: como el eco de una época en la que el poder hablaba demasiado y escuchaba muy poco.

Y quizá, en ese sentido, la próxima revolución no comience realmente con una protesta, sino con un disco que suena en silencio, en una sala llena de gente que, por fin, se pone a escuchar.

Preguntas rápidas

¿Cuál era el «sonido» de la era Cheney?
Comprimido, controlado y centralizado, a imagen y semejanza de la política de la época. Grandes mezclas, ritmos contundentes, pocos silencios.

¿Por qué relacionar la política con los bares de escucha?
Porque la cultura de la escucha recupera lo que la vida política suele olvidar: la mesura, la empatía y la presencia —el arte de escuchar—.

¿Dónde puedo encontrar más ensayos sobre el sonido y la sociedad?
Descubre reflexiones en «The Edit», explora ciudades moldeadas por la cultura de la escucha en «City Pages» o descubre la protesta y el poder a través del sonido en «The Listening Shelf».


Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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