6:15 h — La habitación antes de despertarse

6:15 h — La habitación antes de despertarse

Cuando el sonido se suaviza en lugar de detenerse

Por Rafi Mercer

A las 6:15 de la mañana no estaba dormido, pero tampoco despierto. Ese estado intermedio y difuso en el que los pensamientos aún no se han puesto en marcha. No había nadie más en casa. La casa no estaba vacía, sino desocupada.

Lo extraño era la habitación. Daba una sensación de amortiguamiento, pero no de monotonía. Tampoco de vacío. «Suave» es la única palabra que encaja. Como si los contornos del sonido se hubieran redondeado de la noche a la mañana. Sin asperezas. Sin ángulos. Incluso el aire parecía acolchado.

Afuera, el mundo seguía existiendo —los coches pasaban en algún lugar más allá de las paredes—, pero nada de eso penetraba del todo. Cualquier ruido que llegara a la habitación lo hacía atenuado, filtrado, como si ya se hubiera acordado. Un sonido sin urgencia. Una presencia sin insistencia.

Aquello no era silencio. El silencio es como un interruptor. Aquello era una superficie. Una especie de ante acústico. La habitación retenía el sonido del mismo modo que la niebla retiene la luz: sin bloquearlo, sino simplemente difuminando sus contornos. Hacía que escuchar tuviera menos que ver con oír y más con sentir.

Momentos como este no buscan llamar la atención. Te transmiten tranquilidad. Te recuerdan que la calma no siempre es algo que buscas; a veces es algo en lo que te sumerges brevemente, entre un estado y otro, antes de que el día vuelva a reclamarte.

A las 6:15 de la mañana, la habitación no estaba en silencio.
Todo fue sobre ruedas.


Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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