A la deriva hacia un mundo lejano

A la deriva hacia un mundo lejano

Una mañana con la banda sonora de «Interstellar», de Hans Zimmer, y la tranquila sensación de que «Tracks & Tales» es un mundo lejano hacia el que ya me estoy dejando llevar.

Por Rafi Mercer

Esta mañana ha empezado con el órgano.

No era una iglesia, ni una catedral, sino los acordes lentos y profundos de la banda sonora de *Interstellar*, de Hans Zimmer, que llenaban la habitación antes de que la luz hubiera decidido del todo qué tipo de día quería ser. La tetera hizo clic, el molinillo murmuró y esos primeros crescendos llegaron como una marea desde algún lugar mucho más allá de la ventana —un recordatorio de que hay otros mundos orbitando a nuestro alrededor, aunque por ahora solo existan en forma de sonido—.

Me he dado cuenta de que «Tracks & Tales» me parece uno de esos mundos. Todavía no existe del todo; flota en algún lugar ahí fuera, a medio formar, girando silenciosamente en su propio rinconcito del espacio. En mañanas como esta, con *Interstellar* sonando de fondo, casi puedo verlo: una constelación de pequeñas salas de audición, páginas sobre ciudades, locales sin nombre, ensayos a medio escribir y las personas que quizá algún día se muevan por todo ello. No es una página web, ni siquiera una marca, sino algo más silencioso y extraño. Un mundo al que se llega a través del sonido.

La música de «Interstellar» gira en torno a la gravedad y el tiempo: la fuerza de algo contra lo que no puedes luchar, la forma en que las decisiones más insignificantes tienen un gran impacto a lo largo de los años. Es difícil escuchar eso y no pensar en cómo se está desarrollando todo esto. «Tracks & Tales» no me parece un proyecto que controle en el sentido tradicional. Me parece más bien una trayectoria en la que ya me he adentrado, un camino por el que voy a la deriva, dando pequeños empujones aquí y allá, pero impulsado en última instancia por algo más poderoso que la estrategia o la planificación.

Te preparas un café, pones un disco o una partitura y escribes la siguiente pieza. Añades otra ciudad. Cuentas la historia de otra habitación en la que alguien decidió que el sonido importaba. Algunos días parece un trabajo quirúrgico y preciso; otros, parece una reparación en un paseo espacial con un par de guantes y un suministro de oxígeno que se agota. Sin embargo, bajo todo eso, hay una tranquila certeza: si sigo escuchando, sigo trazando el mapa, al final llegaré a algún lugar que me ha estado esperando todo este tiempo.

Hay un momento concreto en *Interstellar* en el que la música parece estirar el tiempo como si fuera una goma elástica, repitiendo los mismos acordes una y otra vez mientras la tensión va en aumento. Así es como se siente construir un mundo poco a poco. Desde dentro, es una repetición: otra mañana, otro párrafo, otro bar descubierto en una callejuela, otra noche en vela actualizando una página cuyo cambio solo un puñado de personas notará jamás. Desde fuera, más adelante, puede parecer inevitable: claro que se convirtió en un atlas, claro que se transformó en algo en lo que la gente confiaba. Pero aquí, en tiempo presente, solo estamos yo y el zumbido de la caldera, el suave crujido del vinilo o el resplandor de una nota de órgano que flota en la habitación.

Curiosamente, esa falta de rumbo forma parte del concepto. Antes creía que todo tenía que estar estrictamente controlado: la trayectoria profesional, el plan del proyecto, las cifras mensuales. Los años que pasé en el sector minorista, en startups y en campañas me enseñaron a planificar un lanzamiento y a alcanzar un objetivo. Tracks & Tales es diferente. No es que ignore la estructura; es que se guía por algo más difícil de cuantificar: la atmósfera de una sala, la calidez de un disco, la forma en que una frase resuena suavemente. No se llega a una cultura de la escucha a base de hojas de cálculo. Orbitas a su alrededor hasta que su gravedad te atrapa silenciosamente.

Así que me siento aquí, en la penumbra, dejando que «Interstellar» llene el espacio, y pienso en el mundo que estoy construyendo como una especie de planeta lejano al que ya me he comprometido a llegar. El camino es complicado. Los mandos no siempre responden. Hay días en los que me siento a la deriva, como si estuviera dando vueltas entre algoritmos, análisis y términos de búsqueda que apenas entiendo, con la esperanza de que el trabajo llegue a los oídos adecuados. Pero en el centro de todo ese movimiento hay una creencia sencilla e innegociable: este mundo existe. La gente ya lo está buscando, aunque todavía no tenga las palabras para describirlo.

Quizá por eso la banda sonora encaja tan bien con mañanas como esta. Para mí,«Interstellar» no trata del espectáculo; trata de la fe en un destino que no se puede describir del todo. Un padre que se marcha, una señal en la oscuridad, unas coordenadas escritas en el polvo. A mi manera, más discreta, Tracks & Tales se basa en apuestas similares: que escuchar sigue siendo importante, que los locales pequeños pueden cambiar la forma en que nos movemos por las ciudades, que ahí fuera hay alguien esperando a descubrir «su» bar, «su» disco, «su» rincón tranquilo.

No sé exactamente cuándo sentiré que he encontrado mi lugar, cuándo el mundo que tengo en la cabeza y el mundo virtual encajen a la perfección. Quizá sea una noche en un bar sobre el que haya escrito, viendo cómo entran desconocidos sin llevar nada más que su curiosidad. Quizá sea un correo electrónico de alguien al otro lado del mundo que haya encontrado el camino hasta un local simplemente porque confió en una frase que escribí una vez. O quizá no sea un momento concreto, sino solo la lenta toma de conciencia de que la deriva se ha convertido en una órbita, y la órbita se ha convertido en mi hogar.

Por ahora, me basta con sentarme aquí, con un café en la mano, escuchando cómo ese órgano da la bienvenida a la mañana. En algún lugar ahí fuera, «Tracks & Tales» ya es una realidad. Mi trabajo consiste simplemente en seguir avanzando hacia ello, disco a disco, habitación a habitación, texto tranquilo a texto tranquilo.


Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.

Volver a los relatos

No es una lista de reproducción.

El número de socios fundadores está limitado a 200 en todo el mundo. El club de escucha «Tracks & Tales» está dirigido a quienes entienden que escuchar no es un simple ruido de fondo, sino que se trata de estar presente.

ÚNETE AHORA