En busca de una voz familiar: el vaivén del «oído de la mente»

En busca de una voz familiar: el vaivén del «oído de la mente»

Una mañana tranquila, una voz lejana y esa extraña claridad que el «oído de la mente» nos devuelve.

Por Rafi Mercer

Hay mañanas que empiezan antes que tú. Hoy ha sido una de ellas. Me desperté en la oscuridad con la vaga sensación de una voz que me llamaba desde algún lugar más allá del día: no era una frase clara, ni un recuerdo, sino más bien una señal que rozaba el límite de la conciencia. El oído de la mente es así de extraño. Guarda cosas que ni siquiera sabíamos que teníamos; nos las devuelve cuando la luz es lo suficientemente tenue como para poder oírlas.

Por un momento pensé que era Elvis: esa muestra fantasmal y alargada de «Chill Out», de KLF, en la que su voz parece menos cantada y más recordada. Pero no era nostalgia. Era distancia. Un tono sin rostro. Una presencia sin nombre. De esas cosas que te hacen acercarte, no alejarte.

Ahí es donde el jueves hace lo que siempre hace: abre un pasillo tranquilo entre el principio y el final de la semana. No es el impulso enérgico del lunes ni el suave alivio del viernes. Un día hecho para la transición. Un día en el que puedes escuchar mejor si así lo decides.

Y en algún lugar de ese pasillo, «Cold War», de Cautious Clay, encontró su sitio. Una canción con un toque de soul, un hilo de jazz y una suavidad que no busca llamar la atención, pero que se la gana. Hay un toque de Terence Trent D’Arby en el fraseo —ese deslizamiento sin esfuerzo entre la melancolía y el optimismo—, pero envuelto en la modernidad contenida de un compositor que entiende el valor del espacio. Es el tipo de tema que hace que el mundo parezca un poco más lento, un poco más nítido, como si el día se estuviera aclarando la garganta.

Quizá eso sea lo único que hacemos siempre: escuchar esa voz que nos ayuda a encontrar la paz al final del día. Esa voz que nos resulta familiar aunque no sepamos de dónde viene. Esa voz que el «oído de la mente» reconoce antes que nosotros.

Hoy, esa voz llegó en silencio, casi olvidada, flotando en la oscuridad. Y, de alguna manera, hizo que la mañana cobrara sentido.


Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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