El jazz, las startups y el sonido de lo tradicional

El jazz, las startups y el sonido de lo tradicional

Improvisado o institucional

Por Rafi Mercer

Se me acaba de ocurrir una idea: el jazz y la música cotidiana pueden interpretarse como la diferencia entre formar parte de una startup y formar parte de una empresa centenaria.

El jazz es como una startup. Se nutre de la improvisación, del riesgo y del momento. Los músicos se lanzan sin saber a ciencia cierta adónde les llevará la melodía, pero confían en su instinto, en la química y en su audacia. Hay caos en ello, pero también posibilidades. Lo mismo ocurre cuando se empieza algo desde cero. Un día todo fluye, al siguiente se viene abajo, pero cada giro está lleno de vida. Te obliga a escuchar con atención, a reaccionar y a seguir el ritmo cambiante.

La música cotidiana —el pop, las listas de reproducción habituales, las canciones pensadas para sonar de fondo—: eso es la empresa. Previsible, estructurada, repetida hasta la saciedad. Tiene su lugar, al igual que las instituciones. Mantienen la estabilidad, la familiaridad y la tranquilidad. Se pagan las nóminas, se celebran las reuniones, los acordes se resuelven. Pero rara vez te llevas una sorpresa. El ritmo puede ser eficiente, pero no está pensado para cambiar de dirección en mitad de un solo.

Lo que me llama la atención es que ambas cosas son necesarias. El jazz sin disciplina puede degenerar en ruido. Las grandes empresas sin chispa se estancan. Pero formar parte de cualquiera de ellas es sentir la diferencia en lo más profundo de tu ser. En una estructura centenaria, heredas el peso, la jerarquía y unos procesos que tardan tiempo en cambiar. En una startup, no heredas nada más que energía: tienes que construir cada proceso, cada compás musical, desde cero.

«Tracks & Tales» se acerca más al jazz. Improvisado, arriesgado, un poco tosco en algunos detalles, pero rebosante de posibilidades. Cada día parece una nueva toma, otro solo, una oportunidad para hacer avanzar la idea. La estructura vendrá después, quizá, cuando se hayan escrito las partituras y se haya fijado la forma. Por ahora es el sonido de los comienzos: impredecible, a veces agotador, pero urgente y auténtico.

Y quizá por eso siempre me ha encantado el jazz. Te enseña a vivir en la incertidumbre, a confiar en que, aunque no sepas cómo termina la frase, la música te llevará. Crear algo nuevo es lo mismo. No esperas a tener la partitura completa; tocas la siguiente nota y confías en que el resto vendrá solo.

Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales»,suscríbete aquí o haz clic aquí para seguir leyendo.

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