El sonido que hay más allá del sonido — Reflexiones de un domingo por la mañana a las 6:30 h
Por Rafi Mercer
Eran alrededor de las 6:30 de esta mañana cuando lo volví a notar.
Ni la música. Ni la habitación. Ni el tiempo que hace fuera.
La voz.
Esa voz interior constante que parece acompañarnos a todos allá donde vamos.
Estaba preparando café, medio dormido, sin hacer nada en absoluto, cuando de repente se me ocurrió una idea extraña: si pudiera escuchar mis pensamientos a través de unos altavoces, ¿sonarían como mi propia voz? ¿O sonarían completamente diferentes?
Quizá sea una idea un poco extraña. Pero cuanto más lo pensaba, menos extraño me parecía.
Porque, en cuanto te das cuenta, te percatas de que la mente casi nunca está en silencio. Siempre hay algo que se mueve bajo la superficie. Narrando. Prediciendo. Repitiendo. Planificando. Recordando. Comentando la vida mientras esta se desarrolla.
Un parloteo incesante.
Y quizá por eso hay ciertos momentos que ahora me parecen tan valiosos. Las primeras horas de la mañana. Los largos paseos. Escuchar un disco como es debido. Mirar por la ventanilla del tren sin tocar el móvil. Sentarme en algún lugar desconocido de otra ciudad antes de que empiece el día.
No es porque sean productivos.
Porque amortiguan el ruido.
Creo que la gente suele pensar que está cansada por el trabajo, por las pantallas o por la propia vida moderna. Pero a veces me pregunto si, en realidad, lo que nos agota es esa voz interior que no deja de hablarnos. Esa sensación de que siempre tenemos que estar procesando, reaccionando, interpretando y preparándonos.
El silencio, entonces, se convierte en algo completamente distinto.
No es la ausencia de sonido.
La falta de demanda.
Y esos momentos —por breves que sean— se convierten en algo muy preciado. Un «flat white» antes del amanecer. La aguja posándose sobre el vinilo. Los pocos segundos tras una nevada. El espacio entre las canciones de un gran álbum.
Pequeños rincones en los que la mente afloja su control por un rato.
La música ayuda porque ofrece a la mente un lugar donde descansar. No es una distracción, sino ritmo. Forma. Presencia. Un lugar donde el pensamiento pueda asentarse en lugar de dispersarse.
Quizá por eso escuchar es ahora más importante que nunca. No como nostalgia. No como una actuación. Sino como un alivio.
Un camino de vuelta a nosotros mismos.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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