El sonido de Marrakech: una cápsula del tiempo
Por Rafi Mercer
Era mi última noche en Marrakech y acabé, como de alguna manera ya sabía que haría, en el Pétanque Social Club. El ambiente era cálido, aún vibrante tras el ajetreo del día, y la música fluía a ese ritmo medio perfecto que te hace olvidarte por completo del tiempo. No sonaba muy alto —allí nunca lo hace—, pero era justo lo que hacía falta. Una mezcla de rare groove, jazz funk, algunos remixes modernos y esos momentos fluidos entre medias en los que no sabes distinguir qué es antiguo y qué es nuevo.
Eso es lo que tiene este sitio. El sonido parece estar suspendido en el tiempo: ni nostálgico, ni futurista, simplemente presente. Podrías estar en 1979 o en 2025 y no importaría. Los tocadiscos, la terraza, el público… todos giran en torno al mismo ritmo tácito. Es una cápsula del tiempo, no porque esté congelada, sino porque se niega a correr tras el reloj.
Hay una especie de libertad en eso. El DJ no pincha por seguir una moda o un algoritmo; lo que hace es crear un ambiente. Cada disco parece elegido a mano, con ese toque de lo vivido, familiar pero con un aire fresco y vivo. Un momento es Air, «Mr Man», y al siguiente es algo que suena como si D’Angelo se encontrara con una edición japonesa inédita; de repente, entra un tema disco lento y cambia la luz de la sala. Nadie tiene prisa. Nadie grita. El ritmo decide cuánto dura la noche.
Mientras estaba allí sentado, pensé en lo poco habitual que es eso hoy en día: lugares que detienen el tiempo en lugar de consumirlo. La mayoría de los locales buscan la inmediatez, la reacción instantánea. El Pétanque hace justo lo contrario. Deja que el sonido respire. Da la sensación de que quienquiera que haya diseñado el sistema entendía la física de la calma, la forma en que la buena música ocupa el aire en lugar de luchar contra él.
Me recordó a las antiguas tiendas de discos a las que solía ir en Londres, esas que parecían más bibliotecas que tiendas. La misma reverencia. El mismo orgullo silencioso de saber que la siguiente canción sonará exactamente cuando debe. Esa es la energía que se respira aquí. No se trata de la perfección, sino de la presencia.
Al escuchar allí, empiezas a darte cuenta de que los mejores locales no solo acogen música, sino que la conservan. Se convierten en archivos vivos, que transmiten décadas de emociones a través de altavoces nuevos y mentes abiertas. Eso es lo que sentí anoche. La sensación de que el pasado no se ha ido; está resonando suavemente bajo el presente.
Cuando la noche empezaba a llegar a su fin, sonó una suave pieza de jazz sin letra. Nadie habló. Todos se limitaron a escuchar. Parecía un final, pero también un recordatorio: que el sonido, cuando se trata con respeto, puede mantener los recuerdos en suspenso. Eso es lo que hace el Pétanque Social Club. Mantiene la música atemporal.
Hay lugares de los que te vas. Otros se quedan contigo. Este resuena suavemente en la mente, como un disco bien conservado a la espera de volver a sonar.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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