Futura Listening Bar — Milán, vinilos junto al canal, un ritual con visión de futuro
Por Rafi Mercer
Nueva oferta
Nombre del local: Futura Listening Bar
Dirección: Viale Gorizia 12, 20144 Milán, Italia
Página web: https://www.futuramilano.it
Instagram: https://www.instagram.com/futura.listeningbar/
Hay ciertos rincones de Milán en los que la ciudad parece respirar hondo. El ritmo se suaviza. Las líneas marcadas de los negocios, la moda y el comercio se relajan y dan paso a un ambiente más distendido. A orillas de la Darsena, donde los canales reflejan la luz del atardecer y la gente va de bar en bar, de cafetería en cafetería y de restaurante en restaurante, Futura ha encontrado su lugar.

Desde la calle, el local parece casi discreto. No se anuncia a bombo y platillo. En cambio, sigue un principio que comparten muchos de los espacios de escucha más fascinantes del mundo: dejar que la curiosidad haga parte del trabajo. Al entrar, la relación entre la música y el espacio se hace evidente de inmediato. Los discos están a la vista. El equipo de sonido ocupa un lugar destacado. Se percibe que el espacio está organizado en torno a la escucha, en lugar de tratar la música como algo secundario.
Futura abrió sus puertas en 2024, en un momento en el que la cultura musical de Milán empezaba a madurar y a adquirir un carácter propio. Durante la última década, ciudades de toda Europa han adoptado elementos de la filosofía japonesa de los bares musicales, pero los locales más interesantes rara vez son copias directas. Absorben la idea y la reinterpretan a través de la cultura local. Milán, quizás más que la mayoría de las ciudades, sabe cómo hacerlo.
La ciudad siempre ha valorado el diseño. Aquí los objetos importan. El ambiente importa. La disposición de una estancia importa. Lo que Futura parece haber comprendido es que el sonido forma parte de ese discurso. La música no es simplemente entretenimiento. Es parte de la arquitectura.
El local fue creado por Leonardo Verga, Luca Nolasco y Tommy Tazzari, quienes describen públicamente el proyecto como inspirado en las experiencias de la cultura auditiva japonesa. Esa influencia se aprecia en el protagonismo que se da a la reproducción en vinilo y a la programación musical cuidadosamente seleccionada. Sin embargo, Futura parece tener sus raíces en Milán más que en Tokio. Durante el día funciona como cafetería, donde se sirven café y bollería. Al caer la tarde, el ritmo cambia. Aparecen los cócteles. Se sirven vinos naturales. El local se llena. Los discos siguen siendo el centro de todo.
Esa transición del día a la noche me parece importante. Muchos bares de música solo abren al caer la noche. Futura, en cambio, forma parte del ciclo diario completo del barrio: el café de la mañana, la charla de la tarde, la música de la noche. Deja de ser un simple destino para convertirse en una presencia habitual en la vida local.
El barrio de los Navigli se ha asociado desde hace tiempo con la creatividad y el dinamismo. Por sus calles circulan estudiantes, diseñadores, artistas y viajeros. Los canales aportan una sensación de amplitud poco habitual en una gran ciudad. Al estar al aire libre en una cálida tarde, contemplando cómo se mueven los reflejos sobre el agua, es fácil comprender por qué la zona sigue atrayendo nuevos proyectos culturales.
En Futura, la música parece funcionar como un lenguaje común. La programación y los anuncios de eventos públicos sugieren una amplia perspectiva musical, que abarca desde la música electrónica hasta el funk, el reggae, el hip-hop, el afrobeat y otros estilos que se prestan al vinilo. En lugar de centrarse en un único género, parece que se hace hincapié en la selección y el ambiente. El disco se considera un objeto que merece la pena compartir.
Esa idea constituye la esencia misma de la cultura de la escucha. Mucho antes de que existieran los algoritmos, las listas de reproducción y los motores de recomendación, la música se transmitía de persona a persona gracias a la confianza. Alguien elegía un disco. Otra persona lo escuchaba. Se iniciaba una conversación. Los mejores bares para escuchar música conservan una versión de ese intercambio.
Futura llega en un momento interesante para Milán. La ciudad está ganando cada vez más reconocimiento como una de las capitales emergentes de los «listening bars» en Europa, con una red cada vez mayor de locales que sitúan la calidad del sonido y la selección musical en el centro de la experiencia. En ese panorama, Futura ocupa un lugar privilegiado. Resulta accesible sin ser informal, centrada sin ser dogmática, contemporánea sin perder de vista las tradiciones que la inspiraron.
Lo que resulta especialmente atractivo es la sensación de que el local aún está escribiendo su historia. Algunos bares de música cuentan con décadas de historia a sus espaldas. Futura es mucho más nuevo. Las estanterías, los discos, los clientes habituales y los recuerdos aún se están acumulando. Hay algo de frescura en ese proceso. La sensación de que el local aún está descubriendo en qué quiere convertirse.
Quizá ese sea el significado del nombre. Futura sugiere un futuro que no se construye a través de una reinvención constante, sino mediante una continuación cuidadosa. Un disco colocado en un tocadiscos. Una bebida apoyada en una barra. Una sala en la que la gente se reúne en torno a un sonido compartido. Viejos rituales que se transmiten a una nueva ciudad y a una nueva generación.
En Milán, junto a los canales y bajo las luces del atardecer, ese futuro ya parece haber comenzado.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.