Phonobar — Hayes Valley, cultura nocturna en torno al vinilo
Una sala pensada para los selectores, donde San Francisco escucha a través de la aguja.
Por Rafi Mercer
Nueva oferta
Nombre del local: Phonobar
Dirección: 370 Grove Street, San Francisco, CA 94102, Estados Unidos
Página web: https://phonobarsf.com
Instagram: https://www.instagram.com/phonobarsf/
Algunas salas empiezan con un menú. Otras, con un disco.
En Phonobar, en el barrio de Hayes Valley de San Francisco, la noche comienza con el pausado ritual de colocar un disco de vinilo en el tocadiscos. El concepto es sencillo, aunque discretamente radical en una ciudad marcada por la cultura del streaming y el ajetreo constante: la música se reproduce tal y como se concibió: a través de discos, con un sonido auténtico y gracias a personas que se preocupan profundamente por ambas cosas.
El local en sí mismo parece un híbrido entre un bar de barrio y el espacio de escucha de un coleccionista. La iluminación es cálida y tenue, y la cabina del DJ no está situada como un escenario, sino como un punto focal, un lugar donde los discos se seleccionan con esmero en lugar de reproducirse a toda velocidad. Es el tipo de ambiente en el que se percibe la textura del sonido: la línea de bajo que llega primero, la percusión que se instala en los rincones de la sala, la voz que se desliza por el bar como una conversación que se escucha de pasada.
Phonobar fue creado por un grupo de DJ y apasionados de la música que comprendieron que una ciudad como San Francisco aún necesitaba espacios donde la cultura del disco pudiera respirar. El sistema de sonido está ajustado a conciencia, diseñado para aportar cuerpo y claridad a la reproducción de vinilos. Eso significa que los DJ pueden pasar del deep house al soul, de temas de jazz a discos de música electrónica alternativa, sin que la música pierda su esencia.
Sin embargo, lo que define al local es el público que atrae. DJ, coleccionistas de discos, camareros que acaban su turno, músicos de paso por la ciudad… gente que escucha tanto como baila. Aquí, las conversaciones suelen girar en torno a los discos. Puede que alguien pregunte por la edición del tema que acaba de sonar, o se asome a la cabina para ver qué funda se está sacando de la caja a continuación.
Ese espíritu vincula a Phonobar con una larga tradición de cultura musical. No es un «kissaten» japonés, ni un club nocturno tradicional, sino algo a medio camino entre ambos: un moderno bar urbano dedicado a la música, donde el DJ sigue siendo importante, donde se respetan los discos y donde el sonido sigue siendo el protagonista de la velada.
En una ciudad que contribuyó a dar forma a la cultura de discotecas de la Costa Oeste, Phonobar parece más una continuación de esa historia que un resurgimiento del pasado. El formato es el de siempre —vinilos, DJ, copas—, pero la intención que hay detrás resulta contemporánea. El local invita a disfrutar del momento. Te quedas para escuchar el siguiente disco, y luego el siguiente.
Y, en algún momento de esa sucesión de ritmos, todo el público empieza a escuchar al unísono.

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