Viajante87 — El viaje subterráneo por el mundo del agave en Londres
Por Rafi Mercer
Nueva oferta
Nombre del local: Viajante87
Dirección: Sótano, 87 Notting Hill Gate, Londres W11 3JZ, Reino Unido.
Página web: viajantebar.com
Instagram:@viajantebar
Teléfono: +44 20 7221 6539
Notting Hill siempre ha sido un barrio de contrastes. Las fachadas en tonos pastel y las mañanas tranquilas dan paso a la energía festiva de la noche, y bajo todo ello se esconden los sótanos: esas salas secretas y resplandecientes donde Londres esconde sus placeres más refinados. En la esquina de Notting Hill Gate, bajo la marquesina del cine, uno de esos sótanos vibra a una frecuencia más baja y pausada.Viajante87 no es un bar clandestino en el sentido tradicional. Es un viaje subterráneo: un salón que se parece menos a un bar y más a un sello de pasaporte en forma líquida.
El descenso en sí mismo forma parte del ritual. Dejas atrás el ruido de los autobuses y las pisadas, te adentras en una luz tenue y te encuentras en una sala que parece casi geológica: capas de texturas y sombras, corcho y terciopelo, latón y cristal. El interior es táctil: paredes de corcho, materiales reciclados, tapicería en verde azulado, paneles espejados que brillan con una luz ámbar. Es a la vez lujoso y sostenible, construido con materiales recuperados y reutilizados: un tipo de glamour consciente. El espacio irradia tranquilidad, con asientos curvos dispuestos como olas alrededor de una barra central.
«Viajante» significa «viajero» en español, y el concepto gira en torno al espíritu del movimiento: un viaje por Latinoamérica plasmado en agave, cristal y sonido. El equipo responsable, el Grupo Thesleff (también de Los Mochis), contó con Pietro Collina —antiguo miembro del Eleven Madison Park— para dirigir la carta de bebidas . Juntos, diseñaron una carta estructurada no por tipo de bebida, sino por estado de ánimo: «Siéntete cómodo». Sé curioso. Sé valiente. Vive el momento. Se trata más de una invitación que de una lista, que te lleva suavemente desde lo conocido hacia nuevos horizontes.
La primera sección, «Be Comfortable», ofrece clásicos con sutiles toques originales: un Glacier Martini enfriado con hielo salino, un Pisco Sour con cítricos clarificados. Al pasar a «Be Curious», el mezcal toma el protagonismo: ahumado, salino, complejo. «Be Courageous» se adentra en la experimentación: infusiones de maíz tostado, sotol o chicha que hacen referencia a regiones de México, Perú y Argentina. Por último, «Be Present» aporta una sencillez meditativa: copas servidas puras, sorbos lentos, licores que piden ser comprendidos, no ocultados. Más de 300 botellas de tequila y mezcal se alinean en la barra trasera, un resplandeciente archivo de artesanía y origen.
Pero Viajante87 no se reduce a lo que hay en la copa. La música marca el ritmo. Durante las primeras horas de la noche, una selección musical de jazz latino, funk downtempo y música electrónica tropical marca el compás; al caer la noche, los DJ toman el relevo en los platos, combinando la calidez del vinilo con la precisión digital. Los viernes y sábados se alargan hasta las 2 de la madrugada, pero no se trata de un bar de fiesta. El sistema de sonido es equilibrado y nítido, con los graves ajustados para aportar calidez más que potencia. Es un espacio que te invita a escuchar —el disco, el shaker, las risas, el tintineo de los vasos— como parte de la misma actuación.
La iluminación cambia suavemente a lo largo de la noche. A las seis, la sala resplandece con un tono dorado; a medianoche, transmite una sensación oceánica: sombras de un azul profundo, el parpadeo de las velas, la sensación de que el tiempo se desvanece. Los asientos son tan mullidos que te invitan a quedarte más tiempo del previsto, y el aire huele ligeramente a lima y a humo de leña. El personal se mueve con una elegancia discreta: experto, sin prisas, seguro de sí mismo. No hay prisa por vender productos más caros; la atención se centra en maridar con precisión la bebida y el cliente.
Los platos pequeños reflejan la misma temática viajera: tacos, guacamole, ceviche de cítricos, tostadas con verduras a la tempura. Cada plato es una pausa, un momento para recargar pilas entre copa y copa. Nada distrae la atención del plato fuerte: los cócteles y la conversación.
Es tentador definir Viajante87 como un bar de cócteles, pero esa descripción se queda corta. Funciona como un salón sensorial, donde convergen el gusto, el tacto y el sonido. Es el tipo de lugar en el que uno podría pasar horas y horas, para luego salir con la sensación de haber cruzado fronteras sin haber salido nunca de Notting Hill. Incluso sus decisiones en materia de sostenibilidad forman parte de la estética: paredes de corcho reciclado, alfombrillas de bar hechas con retales de cuero y vidrio reutilizado procedente de fuentes locales. El glamour es verde, no dorado.
Cuando vuelves a salir a la calle, la ciudad parece más ruidosa, más luminosa, un poco irreal. Todavía se oye el eco del ritmo tras la puerta: ese latido constante y sincopado del bajo y el shaker. Londres sabe hacer bien lo subterráneo, pero Viajante87 es diferente. No se trata de esconderse, sino de sumergirse. Un bar que no te transporta a otro lugar, sino que te recuerda lo intenso que puede sonar el momento presente cuando realmente prestas atención.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante. Para leer más artículos de «Tracks & Tales», suscríbete o haz clic aquí.