Lo que estoy escuchando hoy: «Simple». Me encanta.
Por Rafi Mercer
Esta mañana no me apetecía nada de complicaciones.
Sin grandes teorías. Sin excavaciones culturales. Sin metáforas arquitectónicas sobre el sonido y el espacio.
Solo para que conste.
Puse el disco *Who Is William Onyeabor? *, de William Onyeabor, y en menos de treinta segundos lo sentí: esa sensación tan poco habitual en la que algo es tan sencillo que acaba resultando profundo.
Una caja de ritmos.
Una línea de bajo sintética.
Una voz que repite una frase sin dramatismo.
Y ya está.
Y, sin embargo, sigue en pie.
Hay algo que transmite una profunda seguridad en la música que no se esfuerza en exceso. El ritmo de «Fantastic Man» no se complica para parecer ingenioso. Simplemente está ahí: mecánico, constante, sin complejos. La línea de bajo late como un latido del corazón que no te planteas cuestionar. Los acordes de sintetizador brillan lo justo para mantener el ambiente vivo.
Hoy, mientras escuchaba, me he dado cuenta de lo a menudo que buscamos la complejidad. Más capas. Más significado. Más referencias. Como si la profundidad solo existiera cuando las cosas son densas.
Onyeabor demuestra lo contrario.
La repetición se convierte en meditación.
El minimalismo se convierte en impulso.
El espacio se convierte en fuerza.
Empiezas a percibir la disciplina que se esconde tras la sencillez. La moderación. La convicción de que el ritmo es suficiente.
Y quizá esa sea la lección de hoy.
A veces, lo más eficaz que puedes hacer —en la música, en el trabajo, en la vida— es eliminar lo superfluo.
Deja que la línea de bajo marque el ritmo.
Deja que el ritmo se repita.
Deja que la idea respire.
La cultura musical de Nigeria suele ser ruidosa, colectiva y dinámica. Pero este disco revela otra corriente que fluye en su interior: el futurismo introspectivo. Un hombre en un estudio del este de Nigeria en la década de los 80, creando soul electrónico con convicción, sin esperar la aprobación de nadie.
Hoy me ha parecido que se escuchaba muy bien.
No es nostalgia. No es ironía. Simplemente es bueno.
Ese tipo de calidad que te recuerda por qué empezaste a interesarte por el sonido en primer lugar.
No hace falta ningún algoritmo.
No hace falta ningún comentario.
Simplemente déjate llevar.
Rafi Mercer escribe sobre los espacios en los que la música es importante.
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